Abuso y crueldad
Señor director:
El jueves 07 de julio, vi en el programa El Despertador a un grupo, mayormente integrados por hombres, que golpeaban a una mujer a la que acusaban de robarse un celular, y ni siquiera las pocas mujeres presentes se solidarizaron con ella. La joven se aferraba a las piernas de una, y le pedía ayuda, y el colmo de esa señora fue reírse y tratar de zafarse, lo cual logró y esa muchacha está viva de milagro, porque la patearon, la agarraron por los cabellos, la arrastraron y le dieron palos.
Y gracias a Dios que un demonio camuflado de hombre que tenía un bate no le dio, porque quizás ella no lo estaría contando y con tanta lluvia ya tendría las hierbas altas.
El grado de deshumanización y salvajismo aquí es alarmante, y la agravante es que no hay viso de que ese horripilante panorama se revierta, porque nuestra justicia está repleta de funcionarios renuentes a asumir su rol de hacer cumplir la ley, sinónimo de orden, y sin el cual no podemos hablar de sociedad democrática y civilizada.
Muchos estamos asombrados, pues desconocíamos que abundaran en ese pueblo los hombres bueyeros, así les dicen en algunos pueblos sureños a los hombres que golpean a las mujeres. Duele que sumado a los males que nos acogotan, también tengamos que cargar con lo que es casi una pandemia, mujeres golpeadas, y, peor, asesinadas por hombres renuentes a entender que el amor es entre dos, y deja de tener lógica cuando uno solo es quien ama.
Algunos les estamos pidiendo a Sigmund Freud, que nos ayude a descifrar por qué aquí abundan los hombres abusadores, y a entender qué hicimos los dominicanos para merecer un sistema judicial con tantos funcionarios incompetentes y solo diestros en hacerse de la vista gorda, con los males que todos vemos. Por eso muy bien les encaja de Mateo 13, 13: Por eso les hablo en parábolas: porque viendo no ven y oyendo no oyen, ni entienden. La verdad es que estamos ávidos de una justicia idónea, pues estamos hartos de sentir vergüenza ajena y muchísimo peor nos sentimos cuando salimos en las colas de los países del aérea, cuando organismos internacionales hacen evaluaciones reales.
Ojalá el caso de la joven de San Francisco no sea uno más de los tantos que aquí son recurrentes y para las autoridades es como ver la lluvia caer. Y los responsables sean procesados.
Atentamente,
Lic. Teresa Gómez
Santo Domingo

