Opinión

Carta de los Lectores

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Enfoque semanal

Señor director:

La función pública está sometida a una serie de procedimientos que se toman su tiempo, a diferencia del sector privado, donde todo se resuelve en una única instancia.

Por ejemplo, en materia de Relaciones Exteriores, entre la emisión del decreto del Poder Ejecutivo que designa a un embajador, ministro consejero o un secretario de misión, hasta que se sale a ocupar el cargo y luego se reciben los emolumentos, hay que llenar un largo trecho burocrático. Asignar la dotación de los fondos para el pago, al través de la Secretaría Administrativa de la Presidencia, y más tarde pasar por la Dirección Nacional del Presupuesto, la Contraloría General de la República, la Tesorería Nacional y el Banco Central, pues el servicio exterior cobra en dólares, está sometido a una serie de revisiones y controles de obligatorio cumplimiento.

Todo esto lo  traemos a colación ante las quejas que se han publicado por supuestas tardanzas en el cobro de sus sueldos de algunos funcionarios diplomáticos, cuando, tal y como hemos explicado, en la Secretaría de Relaciones Exteriores se cumplen a cabalidad los procedimientos y se emplean los más modernos sistemas informáticos para la tramitación de todos los documentos. Esto, bajo la responsabilidad del canciller, ingeniero Carlos Morales Troncoso, cuya competencia administrativa está avalada por un largo ejercicio.

 Cualquier crítica a este respecto resulta producto de la ignorancia o de la mala fe.

Hay algunas personas que entienden, equivocadamente, que por amistad o padrinazgo político, es posible ocupar un puesto en el servicio exterior, que simplemente le sirva de pretexto para cobrar un buen sueldo, cuando no es así.

Ir a ocupar una embajada, un consulado o un cargo equivalente, es no solo contraer un compromiso personal, sino además asumir la responsabilidad de ser un digno representante del Gobierno que lo designa y sobre todo del país cuya nacionalidad se ostenta. Por eso hay tantas exigencias en torno a la titularidad de la Secretaría de Relaciones Exteriores, donde la capacidad deben correr pareja con la afabilidad, el tacto y el sentido de la oportunidad, que en esencia son las cualidades que deben adornar a todo buen diplomático, como en verdad ocurre con nuestro canciller, ingeniero Carlos Morales Troncoso.

Y hasta el próximo domingo, con más Jerez y más Whisky.

Jerez Whisky

Santo Domingo

El Nacional

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