Otra vez Daniel
Señor director:
Comentar otra vez la palabra de una misma persona nunca me había ocurrido antes. Pero el licenciado Daniel Toribio produjo unas declaraciones contundentes y trascendentales cuyo comentario no admite postergación.
Conocí a Daniel Toribio en los primeros años de mi llegada aquí, a principio de los 60. Lo conocí entre aquella vibrante hornada de profesionales jóvenes, que descollaban, sobre todo en las ciencias sociales, pero también en la ingeniería y en la arquitectura. Aquellos jóvenes, a quienes yo valoraba como casi totalmente desinteresados de su porvenir personal y más bien acudían al llamado de la patria para poner a disposición de su pueblo los recursos con que contaba cada uno a partir de su profesión. Daniel sobresalía como economista y la evidencia de los años muestra que ha realizado a plenitud sus aspiraciones patrióticas y profesionales.
Recientemente Daniel fue invitado a ocupar un turno en la prestigiosa y selecta tribuna del almuerzo mensual de la Cámara Americana de Comercio.
No se si él seleccionó o le brindaron el sensible y polémico hasta las ronchas tema de la reforma fiscal integral. Tema que cae, por segunda vez, dentro de su esfera de gobierno como actual ministro de Hacienda. Y Daniel no se entretuvo ni se complicó con los detalles ni con las cifras.
Conceptualizó con talento y brillantez. Explicó que reforma tributaria no es añadir nuevos impuestos al sobrecargado bolsillo del ciudadano. Habló de racionalizar y de disminuir las exoneraciones, de evitar la evasión y eliminar la duplicidad de funciones. Como se ve, en vez de agredir con aumentos de tributos al ciudadano común se ataca a si mismo, ataca las leyes del Estado y al Estado mismo. Le dio vida al viejo adagio: Médico, cúrate a ti mismo.
Sacudió hasta quitarle el polvo y fustigó las treinta y tres disposiciones legales que suman millonadas y que otorgan privilegiadas y resbaladizas exoneraciones en favor de la misma franja, que complican y restan coherencia al sistema impositivo, dañan y drenan la necesaria capacidad fiscalizadora del Estado.
Esta ambiciosa visión de Daniel no puede ser obra de un ministro ni de un partido ni de un gobierno. Apela a un Gran Pacto Fiscal en el cual todos los sectores produzcan por consenso racional lo que se podrá llamar un eficiente y coherente Código Tributario.
Atentamente,
Lic.Francisco Dorta-Duque
Santo Domingo

