Por la constitucionalidad
Señor Director
A propósito de la conmemoración patria del 16 de agosto, debo expresar mis consideraciones sobre la Carta Magna, ya que no muchos la han defendido con las armas, como registra nuestra historia.
Algunos la considerado como un pedazo de papel. Por más de cien años, gobernantes de turno la han usado a su antojo y la han acomodado a sus intereses personales y políticos. Es el caso de los dictadores Buenaventura Báez, Pedro Santana, Lilis, Trujillo, Balaguer y los llamados democráticos, quienes, aunque no han usado el látigo, han imitado sus modalidades.
Hay que resaltar la Constitución de 1963, la que no tenía nada que envidiar a países más desarrollados, de la cual resalto los siguientes artículos para mantener el principio de vergüenza contra el olvido:
Articulo 5: Se declara delitos contra el pueblo, los actos realizados por quienes, para su provecho personal, sustraen fondos públicos o prevaliéndose de sus posiciones dentro de los organismos del Estado, sus dependencias o entidades autónomas, obtengan ventajas económicas ilícitas.
Articulo 127: Juro por Dios, por la patria y por mi honor, cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes de la República, sostener y defender su independencia, respetar sus derechos y llevar fielmente los deberes de mi cargo.
Por los avances de esta Constitución y los intereses que afectaban, retardatarios conspiraron y fue desconocida el 25 de septiembre, lo que trajo como consecuencia que patriotas dominicanos se sublevaran un 24 de abril de 1965 exigiendo el retorno del gobierno depuesto. Esto trajo como consecuencia, la intervención de Estados Unidos, 4 días después, a la que salió al frente la decisión que destacó a los verdaderos héroes, quienes del lado del pueblo vieron caer sus hijos por la defensa de su soberanía.
Esta lucha, a casi 47 años, ha visto tronchadas sus aspiraciones y aunque abril permanece en la memoria de los dominicanos, vemos como aquella Constitución, ha sido tirada al olvido, justamente, por discípulos de su propulsor; a la vez las cenizas de nuestros próceres claman impotentes, que cambie el estado en que vive nuestro país, por el cual derramaron su sangre.
Atentamente,
Lic. Andrés Dirocié
Combatiente de abril 1965

