Un diputado ameno
Señor director:
A mí no hay quien me convenza de que una persona que haya invertido su dinero en una demarcación determinada para convertirse luego en legislador, lo haga con la finalidad de sacrificarse por quienes le dieron su voto. Eso es mentira.
Esto es para estrellarse de la risa y votar el stress, porque en ese sentido escuchamos al diputado Rafael Méndez, nativo del empobrecido municipio sureño de Villa Jaragua, de la provincia Bahoruco, decir en un programa matutino de radio que el salario y los beneficios que recibe un legislador no son rentables, porque lo invierten en los problemas de la gente de su comunidad. ¡Avemaría Purísima!
Está más que demostrado que para ser legislador no hay que tener capacidad. Basta tener un poco de dinero.
El que logra una diputación en un pueblito pequeño como Villa Jaragua, donde la mayoría de las familias come guineo hervido vacío, tiene su problema personal resuelto.
La gente desconoce que un segmento muy reducido de los diputados se familiariza con la palabra legislación.
La mayoría de los candidatos a estos puestos solo los mueve el deseo de llegar al Congreso para degustar del pastelón relleno de varias carnes, acompañado de una suculenta ensalada ahogada en aceite verde.
Parecería que lo único que importa es que en la actualidad un diputado lleva a cada mes a sus bolsillos la friolera de 322 mil pesos, distribuidos en 117 mil de salario base, el cual cobra aunque no asista a ninguna sesión durante los cuatro años, 45 mil de dieta, 23 mil para gastos de representación, 87 mil del plan de ayuda que manejan mensualmente y un fondo social de 50 mil pesos que cada mes la Cámara de Diputados le repone a cada miembro.
A esto le sumamos los 4 mil pesos que reciben por asistir a cada sesión, imagínense acudir a por lo menos 10 en un mes.
Por cada comisión en la que el diputado participa, recibe entre 3 mil y 4,500 pesos, y algunos forman parte hasta de tres comisiones.
Todos los diputados cuentan con una nominita y un personal a su servicio: asistentes, un chofer y una secretaria, poseen además, un celular y la asignación para combustibles, todo cubierto por la cámara baja.
Se olvidan, además, de que son funcionarios públicos.
Atentamente,
Nélsido Herasme
Periodista
