Gran parecido
Señor director:
Me gustan los libros de Freddy Aguasvivas. En El Banquero del Presidente, hay que anotar, cada página es más interesante que la anterior.
Aquí los gobernantes se convierten en faraones, no importa el color de la traba que represente, todos son gallos con espuelas envenenadas, todos con un mismo interés, saquear todo cuanto pongan en sus manos, cubrirse entre ellos con el manto de la impunidad.
El contrato que rige este acuerdo se denomina, Constitución.
Se puede comparar la administración del Estado con la administración del Banco del Progreso en el período de Pedro Castillo, según lo recopilado en dicho libro.
El Estado lo administran políticos que fueron escogidos por el pueblo, siempre obligados a escoger entre muy malos, menos malos y corruptos desconocidos, En el Banco del Progreso, la administración la realizaba una junta compuesta por los mayores accionistas escogen un presidente para que se haga cargo del buen funcionamiento del mismo.
En el Estado, los escogidos hacen cuantos negocios les presenten. En el Banco del Progreso el presidente o faraón hacía lo mismo. Y, como faraones, el pueblo paga los desastres y financia el disfrute de sus beneficios.
Siempre involucran a grupos internacionales, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, y otros, cómplices usureros, que, a sabiendas del mal manejo que los políticos hacen, se prestan para ello, cómplices, implacables a la hora de cobrar, que no les importa que el hambre y la muerte lleguen a las puertas de sus deudores, con quienes nunca negociaron, solo hablan un idioma a la hora de cobrar: dólares.
Las políticas impuestas por esas entidades han causado en el mundo quizás más muertes que las dos guerras mundiales juntas.
En Banco del Progreso, el administrador hacia lo mismo, en complicidad con el Estado y luego este último fue implacable a la hora de pasar factura. Cuando sus propietarios dieron la cara porque que fueron engañados, el Gobierno, al igual que los usureros que prestan al Estado, se comportó como cobrador implacable. Nunca pensé que entre bomberos se pisarían las mangueras, pero sí, se dio ese caso, en el caso Banco del Progreso.
Atentamente,
Ranfis Rafael Peña Nina
Santo Domingo
