Una denuncia cierta
Señor director:
Amnistía internacional comprobó lo que siempre se ha sabido, que la Policía Nacional ha ejecutado a casi tres mil civiles en menos de tres años, pero es indignante que los ricachos y diferentes instituciones desmientan esto. Estos funcionarios y dignatarios que desmienten algo que ha sido documentado, lo hacen porque tienen en sus carteras tarjetas que los identifican como «amigotes» de algún general, y así ellos y su familia pueden transitar por todo el país sin ser molestados. Ciertos obispos y curas tienen la costumbre de hacerles misas a los corruptos, que son responsables de los males de este país. Mejor es que todos los asotanados se dediquen a proteger a los desvalidos y humildes ciudadanos que son víctimas de los políticos y de la Policía Nacional.
A los delincuentes hay que tratarlos con mano dura, pero a los humildes ciudadanos no pueden seguir plantándoles drogas y ejecutándolos. Los residentes y comerciantes de Haina están siendo maltratados y acosados por un oficial nombrado Saturnino.
El jefe de la Policía, mayor general José Armando Polanco Gómez, siempre dice que los agentes deben ser respetuosos de la ciudadanía, pero sabemos que eso es de la boca para fuera. Hay que preguntarles a los tres chinos que fueron sacados a golpes de su negocio por la Policía frente al Palacio de Justicia por el capricho de una jueza.
La Policía Nacional es una institución definida como civil, pero siempre ha tenido un profundo odio hacia los civiles. Hay que recordar la actitud que tomaron sus jefes durante la Revolución de Abril de 1965. Y después de la Revolución, fue la Policía la encargada de coordinar las acciones de los grupos que mataron a muchos jóvenes revolucionarios.
Los espíritus de Duarte Sánchez y Mella, todavía deben flotar en furiosos remolinos, indignados por semejantes actos de cobardía.
Atentamente,
Rafael Cordero
Nueva York
La oración
Señor director:
Ahora que se acerca diciembre, hay que decir que es importante que la gente reflexione sobre el inicio de un período nuevo que debe ser una razón para renovar también el espíritu.
La oración es importante, y más cuando estamos esperando el inicio de un nuevo año, que debe ser de bendiciones para todos nuestros seres queridos y para un mundo cada vez más convulso como éste.
Atentamente,
Luis Matías,
Predicador católico
