Opinión

Carta de los lectores 

Carta de los lectores 

La violencia

Señor director:

Aquí la violencia es sin parangón, y a pesar de que ni en nuestra casa estamos seguros,  si no tenemos nada que hacer en las calles,  lo recomendable es quedarnos en ésta, pues son menores las probabilidades de que un demonio de los que aquí abundan, nos desgracien la vida o nos despache al más allá.

  Los feminicidios son preocupantes y casi una pandemia, pues son un día sí y el otro también, y, además de generar luto por doquier, dejan niños y niñas en la orfandad, traumados y con futuro incierto,  e irritan muchísimo los escrúpulos de María Gargajo de “autoridades” con los asesinatos de mujeres, que son muertes anunciadas. Se querellan y comoquiera las matan, unos machos carentes de valores a los que hay que querer obligatoriamente. Esos sinvergüenzas se hacen ignorar que el amor es entre dos.

 Ojalá el Ministerio de la Mujer coordine acciones con el Ministerio de Educación y el Ministerio de Salud Pública, porque esto hay que pararlo con educación hogareña, educación escolar, y el acompañamiento de orientadores,  sicólogos y siquiatras si fuera necesario.  Ese flagelo perverso no se los podemos dejar solo a la justicia, cada vez más desidiosa y menos creíble.

Muchos civiles y militares no califican para portar armas de fuego, pero aquí a cualquiera integran a las filas de los cuerpos armados. Hay civiles (vaqueros locos) que con facilidad  consiguen permiso de armas de fuego y por doquier siembran el terror.  Luego les sobran los abogados del Diablo. Un ejemplo fue el asesinato que consternó a esta sociedad y muchos nos preguntamos: ¿Cómo es posible que  Ramón E. González Állvarez le diera 10 tiros a su vecino, Guillermo Moncada Aybar, en el edificio Xiomara del ensanche Piantini, por un problema de parqueo?

Noviembre es el mes de la familia, y nos ha encontrado en esa situación. Socialicemos  los valores, principalmente el de la humildad, que nos enseña a ser tolerantes. La soberbia genera la ira y la violencia, que nos meten en situaciones calamitosas. Hablemos de la humildad en nuestros hogares, en las escuelas, en las iglesias, en todos los escenarios. Quizás un día no lejano logramos erradicar de nuestro accionar las actitudes que nos están tipificando como una sociedad de salvajes.

Atentamente,

Lic. Teresa Gómez

Santo Domingo

El Nacional

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