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Vida y racionalidad
En días pasados en el Listín Diario, leí, no sin sorpresa, una declaración, a mí entender confusa y peregrina. Se trata de una referencia a unas palabras del profesor mexicano Ricardo Tapia, titulada: “¿Cuándo inicia la vida humana”?

Afirma Tapia, y cito: “Mientras no exista un desarrollo de la corteza cerebral con actividad eléctrica no se puede hablar de una persona”.

Ante todo, pensamos que al mencionar el término “electricidad” en la corteza cerebral el autor usa un término metafórico. Porque la electricidad es una fuerza impulsada por materia inorgánica que sólo produce efectos inorgánicos.

Entonces, ni aún en sentido metafórico se puede describir la electricidad como un elemento derivado de la corteza cerebral, porque aún Tapia había definido la corteza cerebral y todo el embrión como algo vital, es decir, poseedor de vida. Y lo eléctrico, por inorgánico no es vital.

Tapia, en vez de progresar de la vida a algo superior, invierte el proceso hacia atrás: de lo orgánico a lo inorgánico.

Tapia parece confundir la racionalidad con la electricidad y, ahí, esa chispa eléctrica le quema los dedos. Si hablamos de la racionalidad y no de la electricidad como elemento esencial constitutivo de la naturaleza humana, entonces sí estamos dentro de la realidad.

Porque vida sin racionalidad puede ser animal o vegetal, pero no humana.

Y, efectivamente, puede concebirse el embrión sin facultad racional desde el inicio de la copulación entre el espermatozoide y el óvulo hasta que un principio externo y superior a la materia se identifique con el óvulo fecundado y le añada racionalidad.

Este último paso no se puede determinar en términos de meses, semanas o días. Pero tiene que ser muy al inicio, porque este elemento racional producirá la evolución necesaria que distinga los órganos virtuales del embrión hasta realizar la persona humana completa.

Si Tapia identifica el término electricidad (exclusivamente material) con el de racionalidad, podemos coincidir con él en el sentido de que hasta que el embrión no adquiera racionalidad, no existe la persona humana.

Un pequeño cambio de la metáfora, “eléctrico” por la realidad: “racional”, tal vez valdría la pena.

Pero, no hay que perder de vista que existe vida en el embrión desde el mismo instante de la fecundación o unión del espermatozoide con el óvulo femenino.

¿Cuándo se infunde la racionalidad en el óvulo fecundado? Esto no se sabe. Pero no se realiza a partir de la materia sino en virtud de un principio del orden espiritual que, infuso en el óvulo fecundado, da inicio a la persona humana integrada por la racionalidad.

Lic. Francisco Dorta- Duque

Santo Domingo

El Nacional

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