Opinión

Cartas de los lectores

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Enfoque semanal

Señor director:

Cuando escribimos estas líneas, al mediodía del jueves, acabábamos de retornar de Puerto Príncipe, donde ocupamos la posición de Ministro Consejero de nuestra embajada en Haití, por honradora designación del Presidente Leonel Fernández, y por consiguiente somos testigos de primera mano de la magnitud de la tragedia que ha significado para el hermano pueblo el destructor terremoto del pasado día 12.

La casa donde residíamos en la capital haitiana, junto al también Ministro Consejero y fraterno colega Pastor Vásquez,     fue destruida, por lo cual ambos tuvimos que dormir algunos días en  casas de campaña, en los jardines de la misión diplomática.

Por instrucciones del embajador Rubén Silié, quien al frente de la misión ha desarrollado una labor humanitaria sin parangón, al llegar a esta capital, desde la noche del miércoles, fuimos en auxilio de doce cubanos que solicitaron la ayuda del gobierno dominicano para retornar a su país.

 Abriendo los hospitales, llevando  cocinas móviles  hacia Jimaní,  disponiendo la asignación de casi 500 millones de pesos del Presupuesto para la labor humanitaria, el Presidente Fernández ha demostrado con hechos, como dice el viejo adagio latino, y no con palabras, las fibras de su filantropía.

Las relaciones dominico haitianas, a partir del pasado día 12, ya no volverán a ser las mismas, porque la labor de reconstruir el hermano país no será cuestión de meses o de unos pocos años, pues antes del terremoto, apenas si el gobierno de Puerto Príncipe proveía de educación y salud básica a un 10% de la población, que vivía del chiripeo en más del 50%, por sus índices de desempleo, y  la situación empeorará.

A esta realidad tendremos que amoldarnos los dominicanos, porque es sobre nuestro territorio que se sentirá la presión de las necesidades de nuestros  vecinos.

Esta isla está asentada sobre una placa tectónica atravesada por tres fallas que corren de oeste a este, por lo cual en cualquier momento, y ojalá nunca ocurra, nuestro territorio puede verse afectado por un gran sismo. El ocurrido el 4 de agosto de 1946,   provocó un  maremoto que destruyó el poblado de Matancitas, en la entonces provincia Julia Molina, hoy Nagua, y en ese espejo debemos vernos, para adoptar algunas medidas preventivas.

Atentamente,

Julio César Jerez Whisky

Santo Domingo

El Nacional

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