Constitución ¿papel viejo?
Señor director:
El derecho a la vida, y al florecimiento de las instituciones, es un Don que está lejos de ser otorgado a los dominicanos. La primera violación al derecho a la vida, es no tener la comida segura. Donde hay injusticias sociales, la Constitución es un simple pedazo de papel.
Un hombre hambriento vende su libertad por un mendrugo de pan. Sus grilletes económicos y sicológicos le tapan los ojos para ver de qué está conformado el libro de la Constitución.
La primera opción de la Carta Magna exige que se respeten los derechos inalienables del ser humano. Con la Constitución pasa lo mismo que con la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. Sus principales violadores son los que dicen defenderla.
Para Joaquín Balaguer, déspota ilustrado, no había Constitución, no porque la considerara un pedazo de papel sanitario, sino porque no le tenía respeto a la vida humana. ¿Qué puede ser más importante que el derecho a la vida?.
Sin equidad social, no podemos hablar de respeto constitucional, porque es letra muerta impresa en un papel. Donde la justicia se dobla, por presiones económicas, políticas y sociales, ¿qué puede ser la Constitución?
Si organismos internacionales como el BID, el FMI y otros, son los que dictan la política económica nacional, la Constitución no pasa de ser un libro que nadie lee.
Atentamente,
Manuel Hernández Villeta.
Las mujeres
Señor director:
Aunque se diga lo contrario, es necesario proteger a las mujeres que son víctimas de violencia. Y es que esas mujeres, sin casas de acogida donde realmente las autoridades puedan protegerlas, que es la realidad de muchas mujeres en muchas comunidades, están a merced de los agresores.
Cuando una mujer es maltratada, hay que pensar que el agresor, sea un ex marido, un pretendiente o cualquier otra persona, puede realizar cualquier acción.
Cuando una mujer es asesinada y se dice luego que había presentado querellas y que no había recibido protección, se desacredita el Ministerio Público, pero, más importante que eso, queda en evidencia el nivel de abandono en que vive la gente.
Nuestros legisladores fueron muy diligentes al asumir la obligación de mantener penalizada la práctica del aborto en cualquier circunstancia, pero no han actuado del mismo modo para obligar al Estado a proteger a las mujeres. ¿Hasta dónde vamos a llegar? ¿A quién acudir para proteger a nuestras mujeres?
Atentamente,
Daniela Castillo.
Santo Domingo.

