Opinión

Cartas de los lectores

Cartas de los lectores

Amanecieron drogados…

Señor director:

Cierto día, los habitantes de un planeta llamado Tierra, amanecieron drogados con los peores adormecedores y distorsionadores de conciencias, con una droga llamada poder, llegaron a considerarse dioses omnipotentes y desafiaron los púlpitos terrenales y celestiales, las creencias religiosas y la fe.

Otros drogados con el dinero se declararon rebeldes de las leyes de la naturaleza y del mandato de la deidad, hicieron planes para vivir eternamente, dispusieron almacenes de órganos extraídos a sus congéneres y crearon clones para reemplazar sus órganos en la medida en que colapsaran.

Otra droga peligrosa que hizo mucho daño a los hombres fue el afán de lucro mediante el cual explotaron los diferentes hábitat: fauna y flora, no se salvaron los ríos, las montañas ni los mares, el subsuelo ni la atmósfera y cientos de miles de especies, animales y vegetales perecieron como consecuencia de dicha explotación.

Con la droga del ateísmo haciendo un ejercicio errado de un bien preciado como es la fe y sin pensarlo dos veces desoyeron las prédicas del maestro, convirtiéndose en practicantes del fariseísmo más abyecto y aberrante.

Otros, con la droga del poder militar, sus insignias, rangos y puestos, llevaron guerras, desolación, genocidio y saqueo en nombre del bien supremo, sin importar los principios humanos y cristianos que predican el amor y la confraternidad entre los hombres.

Por cierto, he llegado a la conclusión de que las drogas más peligrosas para humanidad son: los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos que derraman la sangre inocente, el corazón que medita negros pensamientos, los pies que se apresuran a correr hacia el mal, los falsos profetas que profieren mentiras y que siembran discordias entre sus hermanos, el odio, el rencor, la envidia, la avaricia y la ceguera que obnubila la conciencia.

Pero no todo está perdido, existen unos antídotos excelentes y si usted logra usarlos, el resultado será óptimo. Fórmula: mezcle un poco de amor, una pizca de fe, agréguele una porción de esperanza, adicione un puntito de caridad, súmele mucha solidaridad, vierta un poco de virtud, manifieste un gramo de entusiasmo, póngale mucha entereza y sobre todo mueva esos ingredientes con una vara de verdad.

Atentamente,

Tomás Castro Monegro

Santo Domingo

El Nacional

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