Falta de autoridad
Señor director:
Desde hace un tiempo en República Dominicana se observa una falta de autoridad que raya en lo ridículo, por no decir otra cosa.
Los casos son tan distintos como el de varios agentes policiales denunciando a su institución a través de las redes sociales, alegando bajos salarios, abusos de sus superiores y otras situaciones lamentables.
Por otro lado están las ocupaciones de los espacios públicos de parte de vendedores y buhoneros, quienes exigen respeto de parte de las autoridades alegando que son padres de familia, y que esa condición les da derecho a “ganarse la vida” en cualquier parte de la ciudad con el derecho a no ser molestados.
Otros casos son las ocupaciones de áreas verdes, como la del kilómetro nueve de la autopista Duarte, para instalar talleres de mecánica, de desabolladura y pintura, cocina ambulantes, y no se sabe cuántos negocios se inventa la gente para ganar unos pesos.
En las estaciones del Metro de Santo Domingo, empleados, oficiales del cuerpo de seguridad, y hasta taxistas, colocan sus vehículos en áreas prohibidas por las autoridades de esa institución, sin que nadie se moleste en llamar la atención de los violadores de las normas.
Y no hablemos de la circulación de motocicletas por las aceras, por túneles y elevados en abierta violación de la ley.
Pero lo que ha llenado el vaso del colmo son los saqueos de vehículos que se dirigen a distintos lugares con cajas navideñas preparadas por el Plan Social de la Presidencia para familias pobres.
Ni la Policía Nacional, ni el Ministerio de Defensa han sido capaces de impedir tales tropelías que todos los años se repiten de la misma forma y en los mismos lugares.
Otro acto de vergonzoso irrespeto a las autoridades fue la sustracción de un contenedor de 45 pies de largo con 1,163 televisores tipo plasma, que la Dirección General de Aduanas tenía retenido en el muelle de Andrés, en Boca Chica, por incumplimiento a las normas de importación de mercancías.
Y es que en la República Dominicana muy poca gente respeta a los demás y a las instituciones sean públicas o privadas, que tenemos.
Es hora ya de que las autoridades gubernamentales tomen en serio tales situaciones y las corrijan p’ara que no se repitan.
Atentamente,
Eusebio Montero Encarnación

