La corrupción
Señor director:
La corrupción es un cáncer que hay que erradicar de la cultura política dominicana. Por desgracia, el dolo siempre encuentra patrocinadores, encubridores y acciones de dejar hacer y dejar pasar. Hasta el día de hoy, ninguna jornada en contra de la corrupción ha prosperado en el país.
Los esfuerzos por adecentar la administración pública y el sector privado que incursiona como suministrador fracasan porque son tímidas las intenciones de fuerza política. La justicia casi siempre es parcial, o no tiene la suficiente fuerza moral para limpiar los caminos.
El peor daño que se hace a la lucha contra la corrupción es cuando se levanta la bandera para hacer presión y conseguir nombre profesional, económico y político. Otros taimados, se arropan de anti-corruptos en busca de empleos y canonjías por la izquierda.
Cuando se levantan nuevas banderas para investigar casos de corrupción, no importa el nombre o el apellido o el slogan como se quiera bautizar, se torna en un movimiento que para ser creíble tiene que demostrar imparcialidad de criterios y estar fuera de la retaliación política.
Desde Joaquín Balaguer se motivaron acciones contra la corrupción para detener ascensos políticos, para quitarse competidores del lado o simplemente para satisfacer demandas de grupos que se llaman limpios y progresistas, pero que a su vez juegan con el papel de obtener facilidades, prebendas, y tener sus condenados preferidos.
La sociedad dominicana necesita que se haga una profilaxis de la corrupción. Que se apliquen sanciones fuertes y que sean ejemplos para todos los que han violado las leyes. No puede haber contemplaciones con los que roban los recursos de un país pobre, con miles de hambreados.
Todos deben unirse contra la corrupción, primero del sector público, y después contra los principales beneficiarios de esa corrupción, que son los corruptores, los cuellos blanco ligados al sector empresarial que siempre son intocables.
Tenemos la esperanza de que ahora con los casos abiertos en contra de la usura con fondos públicos se llegue a la última consecuencia, que no haya persecución política, que no se den retaliaciones inmerecidas y que bajo ninguna circunstancia haya culpables preferidos, a los que se salva o condena dependiendo de su grado de acción y afectos.
Mientras la justicia sea débil, mientras los hombres vendan su conciencia por un cargo público, mientras la sociedad esté unida con grillos y mordaza para silenciar y no actuar, la corrupción será uno de los principales problemas que obstruyan el desarrollo nacional.
Atentamente,
Manuel Hernández Villeta

