Hospital Padre Billini
Señor director:
A principios de abril pasado la señora Natividad Toledo, alias Rosa, fue ingresada en el hospital docente Padre Billini, de la Ciudad Colonial de la capital del país, por mandato de la doctora Esmeralda Arredondo. Su sala fue la M4, cama 5, segundo nivel. 37 días después ocurrió lo peor; dejó de respirar para siempre. Pero su entrada viva y su salida muerta no es lo que queremos destacar, sino el buen trato y las oportunas atenciones que recibió en aquel hospital público durante estuvo recluida allí.
No fue una atención de primera, pero sí, la atención posible y digna como merece un ser humano. En 37 días sus hijas Daisy y Arelis Mesa Toledo, que cada día cuidaban a su madre, no tienen ninguna queja de médicos ni enfermeras. Cuando necesitaron asistencia extraordinaria de uno/a de ellos acudía sin objeción ni mala cara.
Este hospital, pequeño y sin terreno para ampliarlo, hizo que las autoridades gestionaran casas contiguas donde realizan servicios de hemodiálisis, banco de sangre y demás. Su calle frontal estrecha dificulta el movimiento de la gente que entra o sale del hospital, lo mismo que el tránsito vehicular incluidas las emergencias. Posee salas de hasta de ocho pacientes, pero reciben un trato oportuno, eficiente y cálido.
Ya remodelado y equipado en 2012, su mantenimiento ha sido riguroso: limpio, higiénico y bien ambientado. Cada sala tiene un modesto sillón para el familiar que acompañe a un paciente. La seguridad y vigilancia del centro y sus bienes la ejercen militares y agentes de Salud Publica bien entrenados. Reconocimiento y felicitaciones a todo el personal de aquel buen hospital.
En ese ambiente tuvo Rosa, durante 37 días, complicada con varias afecciones de salud. El pasado 31 de marzo, sus varones: Eduardo, Roberto y Alexis Mesa Toledo, la sacaron grave de su comunidad natal “Mata Paloma” y 37 días después la retornaron fallecida a su misma comunidad de origen.
Su familia, vecinos y amigos la esperaron con manifestación de tristeza y solidaridad, con llantos y lágrimas, pero conformes con Dios, y satisfechos por las atenciones bien llevadas y oportunas que recibió Rosa, del hospital docente Padre Billini, hospital pequeño y mal ubicado, pero con un personal que salvo excepciones, ofrece trato de gente a quienes buscan servicio o visitan allí.
Atentamente,
Lic. Santiago Martínez

