Sentencias
Señor director:
Los jueces de este país han de sentirse presionados. Presión no es solo la del poder, es la del condicionamiento para determinadas sentencias.
Las presiones desnaturalizan la función del juez, quien debe decidir sin estar sujeto a nada fuera del apego a la ley y su íntima convicción.
Lo digo, a propósito de que he visto la noticia de que ciertos jueces son despojados del visado norteamericano porque emiten sentencias que favorecen a personas acusadas de narcotráfico. ¿Y quién dice que no pueden ser inocentes? ¿Y quién dice que no puede ser que una persona haya sido acusada de posesión, tráfico o consumo de drogas y se compruebe que la acusación no es cierta o no responde a la verdad?
Eso no es asunto que decide una persona que no conoce el caso, que no ha estudiado el expediente ni puede describir las circunstancias que lo han rodeado. No hay embajador, cónsul, periodista o sociólogo que conozca un caso como quien lo ha estudiado, lo ve, lo investiga.
Si no se tiene confianza en los jueces, algún problema ha habido al momento de seleccionarlos o de colocarlos en el sistema judicial. No se entiende que un juez esté obligado a condenar o a absolver a un acusado, del delito que sea. Si es así, no hay realizar juicios, sino preguntarles a las embajadas y a los consulados qué sentencia desean.
En este país, a quien le quitan la visa de Estados Unidos es, de uno u otro modo, difamado.
Eso es parte de la cultura nuestra, eso no lo inventó la Embajada de Estados Unidos, o el consulado, que no informan sobre todo lo que se le pregunta, sino es que en este país se tiene la idea de que las decisiones que se toman en esas instancias son siempre justas.
Eso último no tiene que ser cierto. Si un juez considera que no tiene elementos para condenar a alguien, sencillamente no los tiene, y no tiene que condenarlo porque alguien diga que debió hacerlo. Eso es un tema que hay que tratar con la debida seriedad.
Vamos a ser mejores y a luchar contra la corrupción sin estar viendo donde no hay.
Atentamente,
Luisa Castellanos.
Santo Domingo.

