Opinión

Cartas de los lectores

Cartas de los lectores

Se contaminó Educación

Cual un agresivo cáncer, el país padece tantos problemas que la mayoría de dominicanos/as están preocupados por una enfermedad difícil de curar. Hace años que contaminó los subsistemas incluido el educativo, aunque es ahora cuando exhibe metástasis con manifestación de actos de violencia en escuelas y liceos públicos.

Los directores y maestros de planteles tienen que desempeñar su rol de enseñar, pero también de orientar y proteger a los alumnos. Primero que todo está la seguridad en el plantel y la protección física del estudiantado y de todo el personal del centro.

Pero los directores y docentes que no conocen ni dominan esa obligación, no están preparados para ejercer con eficiencia y plenitud sus funciones. Ya no caben los directores decorativos y de escritorios, que ignoren su línea de acción preventiva, continua y permanente, más allá de lo que dicen los libritos del ministerio.
Atendiendo al rumbo conductual que llevan los alumnos, como parte integrante y activa del ambiente general que vivimos, los maestros flojos de autoridad o sin ella, no podrán dar clases en un futuro cercano. De hecho, muchos no estuvieran impartiendo si no fuera por la licencia política partidista que la politiquería les otorga en perjuicio de la demanda de cambio y adecuación de los resultados que exige la población, de acuerdo a los nuevos y actuales paradigmas del mundo.

Los educadores deben saber y aceptar que la autoridad no se ha perdido, sino que hay maestros que nunca la han tenido o la han aflojado, incluso, algunos por su propia conveniencia personal.

Con el jueguito de evitar problemas con los padres y con la justicia, muchos educadores han optado por cruzarse de brazos cuando los muchachos/as se pelean.
Algunos de los pleitos recién pasados se pudieron detener y hasta evitar si los maestros correspondientes al lugar de los hechos hubieran actuado con autoridad y prontitud, no con miedo. Es cierto que tienen que cuidarse y que hay que cuidarlos, pero también, en ese y en todo trabajo profesional o no, hay riesgos que hay que correrlos.

Por lo menos uno de esos pleitos pudo degenerar en lo peor, y todos estuviéramos lamentando el hecho y haciendo fila internacional esperando turno y espacio para colocar ese posible acontecimiento en las páginas de mala imagen del país, ya desbordada con actos delincuenciales, deshonestos y bochornosos de la clase política que nos engaña.

El Nacional

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