Violencia en las escuelas
Señor director:
La situación de violencia que se viene dando en las escuelas públicas de la República Dominicana debe constituir una preocupación para las autoridades que gestionan el sistema educativo nacional.
He visto con asombro cómo acciones de violencia entre niños y jóvenes se vienen escenificando en las propias narices de los profesores y nadie toma carta en el asunto.
Es una pena que a estas alturas, en pleno Siglo XXI, las escuelas y el profesorado dominicano no hayan articulado un plan estratégico de alcance nacional que viabilice una respuesta adecuada a la problemática. Es inaceptable que en la actualidad el Ministerio de Educación, con tantos recursos económicos disponibles, no haya dispuesto una partida para reforzar las acciones que conduzcan a reducir a la más mínima expresión estos conatos de violencia en los centros educativos públicos. Ahora bien, somos de los que creemos que para terminar con este lastimoso problema las autoridades educativas conjuntamente con los diferentes actores que interactúan en el sistema educativo nacional tienen tiempo que dar respuesta inmediata.
En la dirección anterior le sugerimos a los que gestionan o tienen la rectoría de la del sistema educativo nacional tomar en cuenta algunas puntualizaciones que podrían impactar de manera positiva en la reducción de estos actos de violencia en las escuelas públicas de este país .
Por ejemplo, un componente que podría contribuir a erradicar estos conatos de violencia al interior de los planteles educativos sería intensificar la enseñanza de asignaturas relativas a la familia, los valores, ciudadanía, inteligencia emocional, entre otros temas. Asimismo, de manera institucional, mediante el mecanismo que entiendan, devolver al profesorado nacional la autoridad que le está siendo regateada por los propios padres.
Repito, se hace necesario que en los actuales momentos se produzca una gran alianza entre profesores, padres de los estudiantes, ministerio de Educaciòn y otras instancias que inciden en el sector para que se detenga este fenómeno que viene creciendo en nuestras escuelas. Que se pongan en eso que es de muy mal gusto que se permita el deterioro del sistema.
Las escuelas no pueden perder su esencia como centro de enseñanza y aprendizaje. En ese sentido, todos tienen que jugar su papel, pero sobre todo las autoridades que rigen el sistema.
Atentamente,
Orlando Quezada

