Ahuyentados
Señor director:
La actitud hostil de un significativo sector de República Dominicana, con respecto a sus coterráneos que viven allende los mares, reniega de nuestra condición de tierra de migrantes y gente que emigra constantemente, en busca de un mejor futuro.
Aun siendo un país satelital con una soberanía hasta cierto punto relativa, y económicamente sub-sumidos a la férula de otras culturas, los que vivimos en el exterior somos constantemente despreciados y tratado con desgaire. Y nos resistimos a creer que es envidia u otra baja pasión, no se puede envidiar al que emigra forzosamente.
Por no mencionar otros síntomas, parecería que los que estamos extrañados de nuestra tierra, por permanecer ausentes, recibimos un trato de xenofobia virtual. Realmente no nos sentimos en capacidad de desmadejar sobre las causas de ese extraño síndrome.
Hemos recibido cuantiosas quejas en cuanto a las vejaciones y desaires que sufren muchos de los que residen en Estados Unidos, cuando visitan República Dominicana. Son desdeñados y se les observa como si fueran alienígenas y ello regularmente no proviene del común de la gente, sino de profesionales e individuos que se suponen forman parte de nuestro segmento pensante.
Y lo peor de todo es que nos revictimizan los que se precian de ser revolucionarios y progresistas que, precisamente, son los llamados a entender por qué alguna vez huimos de República Dominicana. Ese trato vejatorio se da al margen de la inseguridad, abusos y otros desmanes en cuanto a comprar o adquirir artículos y propiedades, en el entendido de que ganamos en dólares y tenemos recursos.
Todavía engrosando un renglón que fortalece con dólares nuestra economía, se nos maltrata como si en nada aportáramos a la nación; incluso, profesionales que residen en esta urbe neoyorquina son minimizados y se les resta méritos. Es notorio además, que si no pertenecemos al gobierno de turno, o no tenemos amarres con ciertas claques, se nos margina de algunos beneficios.
Como consecuencia de esa situación una gran cantidad de dominicanos residentes en el exterior ha optado por hacerse ciudadano y, dolorosamente, no querer instalarse de nuevo en su terruño. A parte de otras carencias se sienten acosados, y ahuyentados. ¡Sólo eso, nos faltaba!
Atentamente,
Fernando A. De León

