¡El oráculo quisqueyano!
Señor director:
El oráculo lo había profetizado: “Los hombres del reino situado en el mismo trayecto del sol, cuando renuncien por cobardía, comodidad, o indiferencia a sus deberes frente a los felinos, su castigo será ser convertidos en ratas”.
Un nuevo milenio, por siempre representó un nuevo comienzo; este los encontró al final de una decadente era. Cuando salir la luna, era sinónimo de refugiarse en sus casas. Y ni siquiera ahí estar seguros.
Existían como cucarachas escapando de las pisadas de una multitud, que de emergencia escapa de un cine incendiado. O, como ratas atrapadas en medio de una multitud de felinos.
¿Cuáles eran las pisadas? Una masiva invasión desde Haití, con la frontera derribada. Un endeudamiento permanente y evaporación de los recursos recibidos. Saqueo de los recursos públicos, traspasado a cuentas privadas. Las calles bajo el control de los bandidos.
Y los ciudadanos, como dijo el Oráculo, convertidos en temerosas ratas, bajo la dictadura de los gatos. Amenazados por los invasores. Cargados de impuestos para pagar lo robado. Y con cada vez menos recursos para sobrevivir. Y con los gatos envalentonados dando zarpazos a diestra y siniestra.
Los quisqueyanos convertidos en ratas, desplazados de sus centros de trabajo. De los hospitales. Hasta de las calles, luego que se pone el sol.
Incrédulos no reaccionan, como prefiriendo desentenderse de una realidad que muestra una nueva forma de guerra, que los ataca, empobrece, esclaviza, excluye, despoja, azota, y amenaza convertirlos en extranjeros en su propia patria.
Los felinos, convencidos de que su libertad futura la garantiza la desaparición de la nación que Duarte creó. Pues sus desmanes y desfalcos no pueden ser perseguidos, por una entidad que no existe, por eso se acelera la fusión con el vecino Haití.
…Y despertarán los quisqueyanos, y como tromba de fuego, cual volcán en erupción, barrerán con el mal, escarmentarán los traidores, expulsaran los invasores, y esa nueva y esperada Era, llegará; el Oráculo lo confirma también.
Atentamente,
Milton Olivo

