Una vergüenza más
En nuestro país, los hechos vergonzosos son en serie; no bien termina uno, cuando nos acorrala otro igual o peor, dejándonos en cero asombro; no así a las autoridades comprometidas con los compañeros políticos, miembros de la casta excepcional morada.
Por eso, por grandes que sean los casos, el presidente de la República no se da por enterado salvo que la obligación lo conmine a actuar contra un funcionario que haya metido las manos y las patas en el lodo del que salió “ileso” Reinaldo Pared. Se trata de un presidente que no le habla a sus conciudadanos excepto a su Comité Político.
Son líderes que poseen la rareza de no interactuar con sus masas, pues tampoco lo hace el presidente de esa organización peledeista. Los que siguen a esos líderes como padres no reciben orientación ni estímulo como hijo.
A esos líderes poco les importan los grandes males que está padeciendo esta nación, algunos creados o alimentados por los gobiernos del partido de la Liberación Dominicana, como son: el crimen organizado, la delincuencia, la inseguridad ciudadana, la impunidad y la corrupción.
La población, harta de estos problemas, necesita y demanda cambios de actitud, de lo perjudicial a lo beneficioso para la gente. Se necesita un presente con mejores condiciones de vida, más decente y vivible, que proyecte una cultura de paz con un futuro más halagador, más justo y más humano; donde la equidad, el respeto por la vida, la dignidad y los derechos sean una realidad practicable.
El pueblo ha perdido la confianza en los políticos y la esperanza en los partidos. Está traumado con el comportamiento del partido en el poder, por tanto engaño, hipocresía, desconsideración e irrespeto a su propio pueblo.
Un sicario certificado muerto por una autoridad competente, sin que aparezca el cadáver, el ataúd, la tumba ni quienes lo sepultaron, es una vergüenza más. Funcionarios del Estado con fe pública y funciones de honorables han estado en banquillo de los investidos/as. Decenas de casos penales vergonzosos, con poca o ninguna sanción, son causales del ambiente de barbarie, miedo y libertinaje que vive el país.
No hay espacio para la paz en el presente, y se proyecta un futuro incierto, si no se multiplican los esfuerzos para la recuperación de los valores y el castigo por las faltas cometidas, cuya tarea nos corresponde a todos/as con la voluntad y participación del jefe del Estado.
Atentamente,
Lic. Santiago Martínez

