Popularidades intangibles
Señor director:
Se está demasiado lejos de una definición electoral en estos momentos. Puede haber una perspectiva de hacia dónde irían las votaciones, pero nada más. En países con grandes exclusiones sociales y marginalidades, como la República Dominicana, las elecciones se deciden el día de las votaciones con una bolsa llena de dinero.
Las encuestas son instrumentos de trabajo, que sirven para orientar en las zonas donde un eventual candidato está fuerte, y donde necesita reforzar. Pensar que la popularidad de hoy es garantía de triunfo en dos años, es un error político.
Hay imponderables que surgen en los torneos electorales, que los candidatos se ven impotentes de hacer frente. Y sobre todo, lo terrible es cómo enfrentar a una masa amorfa que es mayoritaria, y que sólo le interesa la política el día oficial de votaciones.
Ningún partido político en la República Dominicana tiene suficientes militantes y simpatizantes para ganar unas elecciones a máximo nivel. La mayoría silente tiene el poder de quitar y poner en el único día de sus vidas donde se le toma en cuenta y es el principal ejecutor del acontecer nacional.
Esa mayoría silente está desplazada en todo el arcoíris social del país. Va desde los que residen en las áreas marginadas, hasta poderosos empresarios. Son de clases e intereses diferentes, pero de forma intangible los unen los temores a los cambios bruscos.
Las encuestas de hoy, no servirán para enmarcar los niveles de popularidad dentro de dos años, a lo más, es el instrumento de trabajo inmediato, para saber cómo amolar la mocha y con qué traje salir a la calle. Por desgracia, una mayoría de votantes es clientelista, y busca sus pequeños beneficios personales a cambio del voto.
La mayoría de los políticos dominicanos lo dice en sus reuniones internas y lo niega de forma pública, pero ellos creen que las elecciones se ganan en las primeras horas del día de las votaciones, si en cada colegio electoral hay un activista con una funda llena de papeletas.
Nunca la Junta Central Electoral ha podido controlar la compra de los votos, ni la venta de conciencia. Ninguna ley de partidos políticos podrá establecer controles. Es parte del discurrir de una actividad política donde se compite para dar saltos sociales.
Los últimos en generar la política como un sacrificio, que conlleva la pérdida de la vida en el empeño, fueron los jóvenes que armados enfrentaron al gobierno de los doce años de Joaquín Balaguer.
Atentamente
Manuel Hernández Villeta

