Opinión

Cartas de los lectores

Cartas de los lectores

Dos acontecimientos

Señor director:
En el mes de enero de cada año celebramos dos acontecimientos importantes y significativos; el 26 por el día de Juan Pablo Duarte y el 31 por el Día Nacional de la Juventud, ambas fechas con las que los dominicanos nos vemos identificados.

Dos fechas simbólicas para los dominicanos, pero a la vez ponen en relieve el valor patrio de aquellos jóvenes que a pesar de su escasa edad, se empoderaron para que seamos totalmente libres e independientes de una nación que ya tenía casi dos décadas de haberse fundado o independizado de otra.

Juan Pablo Duarte nació en Santo Domingo, un 26 de enero de 1813, en el conocido período de la España Boba y murió en Caracas-Venezuela un 15 de julio de 1876, como ya se conoce, en la extrema miseria precisamente por haberlo entregado todo por su patria.

Esa última parte del párrafo anterior es lo que nos llama, cada vez más, a valorar la persona y figura de uno de los hombres más importantes de nuestra dominicanidad, que junto a otros valiosos es el forjador de lo que somos y tenemos hoy como sociedad.

Algo que me satisfizo que el día de Duarte fue laborable, que cuando pasé a buscar mis niños al colegio, Robinson Omar, de 7 años de edad al montarse al vehículo me dijo, “papi me tienes que comprar una bandera para una marcha que tenemos por el día de Duarte”, por lo que recurrí de inmediato a complacerlo.

Esta fecha de Juan Pablo Duarte y de la Juventud, cuyo principal forjador, defensor y promotor, Giovanni Melchiorre Bosco, el cual se conoce en nuestros tiempos como Don Bosco, quien nació el 16 de agosto de 1815-Turín, 31 de enero de 1888, incluso hasta fueron contemporáneo, es vital para que los dominicanos pongamos atención, no sólo a una fecha sino a dos acontecimientos de valorar.

Después de resaltar el significado de tan simbólicas fechas de estos dos colosos, nos vemos compelidos a lamentar en qué tipo de sociedad estamos viviendo hoy, con jóvenes sin principios, sin valores, pensando sólo en qué y cómo se pueden beneficiar en aras de complacer sus caprichos materiales, muchas veces en desmedro de una parte de la sociedad misma. Claro, con sus excepciones.

Juan Pablo Duarte y Díez y sus compañeros no pasaban de 25 años de edad, cuando decidieron emprender su reto, primero con la Trinitaria en 1838 y luego de luchar por la Independencia de 1844, por la que hoy podemos decir con orgullo lo que somos.

Atentamente,

Robinson Gálvez Lay

El Nacional

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