Opinión

Cartas de los lectores

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Pastoral de La Altagracia

Señor director:
La iglesia católica se ha replegado ante los problemas sociales del país. Ha dejado de ser contestaria, para recluirse en discusiones a baja voz, y en ocasiones sin atreverse a dar con un puño en la mesa. Tiene que cambiar, y ser estandarte de luchas por mejoría en los niveles de vida de la población.

La pastoral con motivo de la Virgen de La Altagracia deja ver a una iglesia que conoce los acuciantes problemas que sufren los dominicanos, pero que luce con mucha timidez para defenderlos. Estoy de acuerdo con los enunciados de la Pastoral, pero le hace falta músculo, entrega, decisión.

La iglesia, cualquiera de las iglesias –católica o cristiana-, tiene que ser la voz de los que hace tiempo están mudos porque les cercenaron la garganta; ariete de justicia, para los que padecen atropellos; niveladora que busca establecer equidad social donde hay exclusiones. Está bien con las denuncias, pero hay que dar el siguiente paso, para liberar de los grilletes, a los que tienen cadenas intangibles en manos y pies.

De forma aislada, hay sacerdotes que luchan por mejorar los niveles de vida de sus feligreses, pero se necesita algo más. Un compromiso de la alta curia, que en muchas ocasiones toma caminos apartados del mensaje del Papa Francisco, de que hay que redimir a los pobres y enfrentar las injusticias.

La Pastoral destaca, y es digno de que se le respalde, que se debe detener la violencia contra la mujer y las acciones que –como el sicariato y el narcotráfico- llevan sangre y dolor a la familia dominicana. Y es cierto, no podemos seguir viviendo en una tierra salvaje donde se imponga la ley del más fuerte y nunca se vaya en armonía con los deseos populares. Pero el compromiso debe ir más allá de la denuncia y pasar a la acción.

Si la iglesia no puede liderar ese camino hacia reivindicaciones sociales, otros sectores le van a tomar la hegemonía y ellos normarán el curso. Muchos curas de modo individual se lanzarán a luchas sin contar con el total respaldo de sus superiores, y ahí podrían venir sigmas mayores.

La Pastoral pone el dedo –pero no en la llaga- en lo que se refiere a la mala distribución de las riquezas, a la rampante corrupción en casi todos los estamentos de la sociedad dominicana, pero no utiliza el bisturí para para amputar. Los hombres de la sotana tienen una obligación más allá de un bonito discurso o una homilía que concite aplausos.

Atentamente,
Manuel Hernández Villeta

El Nacional

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