Equilibrio de poder.-
Señor director:
Siempre que los estadounidenses han reflexionado sobre la política exterior han llegado a la conclusión de que las congojas de Europa han sido causadas por el sistema de equilibrios de poder.
Me explico: Las naciones europeas no eligieron el “equilibrio del poder” como medio para regular sus relaciones, dominadas por una belicosidad innata o por un amor a la intriga, muy propio del Viejo Mundo. Europa se enfrascó en la política del “equilibrio del poder” cuando se desplomó su primera elección, el sueño medieval de un imperio universal, y de las cenizas de aquella antigua aspiración surgió un puñado de Estados de fuerza equiparable.
Y cuando esto ocurre, indudablemente; la diversidad de Estados constituidos les obliga, uno a otro; a enfrentarse entre sí. Y las consecuencias solo arrojan dos resultados: O bien un Estado se vuelve tan poderoso que domina a todos los demás y crea un imperio, o ningún Estado es lo bastante poderoso para alcanzar esta meta. En el último caso, las pretensiones del miembro más agresivo de la comunidad internacional son mantenidas a raya por una combinación de los demás; en otras palabras, por el funcionamiento del “equilibrio del poder”.
Que no quepa la menor duda, el sistema del “equilibrio del poder” no se proponía evitar crisis, ni siquiera guerras. Se creía que, cuando funcionaba debidamente, limitaba la capacidad de unos Estados para dominar a otros a la vez que reducía el alcance de los conflictos. Su meta no era tanto la paz cuanto la estabilidad y la moderación.
Por definición, una disposición de “equilibrio del poder” no puede satisfacer por completo a cada miembro del sistema internacional; dígase Estado, funciona mejor cuando mantiene la insatisfacción por debajo del nivel en que la parte ofendida trataría de alterar el orden internacional. A menudo, los teóricos del “equilibrio del poder” nos dan la impresión de que esta es la forma natural de las relaciones internacionales, pero de hecho sólo rara vez han existido sistemas de “equilibrio del poder” en la historia humana. El hemisferio occidental hasta el día de hoy no ha conocido ninguno.
En cuanto a Estados Unidos (EE.UU.) frente a la visión realista, maquiavélica, de las relaciones internacionales Kissinger describe una visión estadounidense claramente diferenciada de la de Europa que se explica desde su propia experiencia histórica.
Atentamente,
Misael Pérez

