La violencia
Señor director:
Las medidas contra la violencia callejera tomadas recientemente por el gobierno central son positivas. Es un manotazo en la mesa, que debe ser atendido como un alerta de que es hora de parar al crimen. Los pandilleros, los atracadores, no pueden ser los dueños de las calles dominicanas. De ahí la importancia de las patrullas mixtas. Sin embargo soy un libre pensador, y tengo todo el derecho del mundo, porque nadie me puede poner bozal ni anti-ojeras, a reflexionar sobre la violencia.
La persecución del delito es necesaria. Se deben tomar todas las medidas que urge la tranquilidad ciudadana. Ahora no puede haber intento de mantener una militarización, ambientada en las patrullas mixtas. Ni las redadas masivas se deben extender en forma permanente.
Los militares en las calles presentan una situación incomprendida para los residentes fuera del territorio. Para un país que vive del turismo, militares en las calles, con trajes de zafarrancho y armas largas, indica problemas. De ahí que luego del golpe de efecto de los primeros días, los guardias deben volver a sus cuarteles.
Ahora hay que ampliar los trabajos de investigación, para de esa forma hacer frente al delito en el momento en que accione. Investigar y luego detener debe ser una máxima de los organismos de seguridad.
Hay que también superar la idea que se tiene del perfil de un delincuente por la ropa que se viste, por la pelada, por los zapatos o por la zona de residencia. El hombre es bueno o malo, sin importar el color de su piel o de donde viene o hacia donde va.
Pero las estadísticas si son claras en el sentido de que a mayor abandono social, mientras se está más cerca de sufrir el cataclismo de la exclusión, hay posibilidades ciertas de que una persona sea atraída hacia cualquiera de las formas de delincuencia. Pero el ser pobre no es sinónimo de malhechor.
En estos días de lluvias, se expone a toda la población a las penurias que pasan los más necesitados. De ahí que se debe hacer buena observación de que de esa miseria salen muchos de los delincuentes. Ser pobre no es ser delincuente. Nunca se puede pensar así. Pero el acorralamiento social lanza muchas personas a tratar de subsistir por cualquier vía.
Tenemos una gran preocupación por los niveles de vida en los barrios dominicanos. Nuestro futuro depende de cómo mejoren las condiciones de vida de la mayoría de la población.
Atentamente,
Manuel Hernández Villeta

