Gran tragedia
Señor director:
La indignación se adueñó de los habitantes de Sabana de la Mar, porque ante el gran número de muertos por el naufragio de una yola, no recibieron la solidaridad de las autoridades elitistas e indolentes de este gobierno del progreso, a quienes nada los mueve a favor de los pobres. De los 70 viajeros, algunos están vivos de puro milagro, y son los narradores de esa horrorosa odisea que les costó la vida a 56 personas.
Casi todos vimos, en los medios televisivos, la catarsis de un fiscal por el trato dado a esos cadáveres. Peores cosas que el fiscal sentimos y dijimos muchos que atónitos presenciamos la forma de lidiar con esos muertos, todos pertenecientes a los excluidos, aquí cada vez más abundantes, y que conste, no son aventureros como se atrevió a decir un senador, yéndose, como muchos de los de arriba, por la tangente.
Por la injusticia, seguirán los viajes en yola, y a muchos nos invade la impotencia y la tristeza, pues la mayoría de los viajeros son jóvenes, y si alguien lo duda, que busque la foto en los periódicos. Si hubiera zozobrado un barco turístico, inmediatamente llegarían los funcionarios buscacámara a solidarizarse y los materiales para un rescate humanitario hubieran llegado por aire, mar y tierra. Y nada de lona para envolver cadáveres, nada de tirarlos en un camión como si fueran objetos, y no se hubieran atrevido a hablar de fosas comunes.
Pero peores cosas de ahí veremos, pues abundan los funcionarios que antes eran pobres, pero el poder les produjo amnesia, y por eso no disimulan su desprecio infinito por quienes, obviamente, son víctimas de las iniquidades promovidas por ellos. Los menesterosos solo son valiosos cuando ellos quieren votos, y luego les aplican el si te he visto no me acuerdo y el Te veré en la próxima campaña.
Pero no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo aguante. Por eso, un día la mayoría de la gente despertará y les dirá que ya basta, a los servidores públicos mejor pagados en el mundo. Ellos les cercenan las oportunidades, máxime a jóvenes desesperados que eligen irse en yola, y en el Canal de la Mona pierden el tesoro más preciado, que es la vida.
Atentamente,
Lic. Teresa Gómez
Santo Domingo

