La educación
Señor director:
A raíz de la asignación del 4% que establece la ley 66-97 para el Ministerio de Educación, fijado por primera vez en el Presupuesto Nacional después de 15 años violando dicha ley, ha habido una avalancha de opiniones saludando tal decisión, salvo obsoletas voces disidentes como la del doctor Euclides Gutiérrez Feliz. Esas opiniones refuerzan el compromiso del Ministerio de Educación, cuyos calificados tecnólogos incluirán en su programa a plazos los contenidos de esas opiniones que, habiéndoseles escapado, pudieran contribuir al refuerzo curricular y a su desarrollo como tarea de interés nacional.
Un componente del que no he oído hablar es el de la despolitización de la educación, pues para una efectiva mejoría de su calidad, es necesario y urgente que a corto y mediano plazo se aniquile la politiquería que invadió al sistema educativo en 1996 con la llegada al poder del PLD, situación que se agudizó en el periodo 2004/2012 con designaciones por perfil político y no académico, ético ni moral. La actitud complaciente esparcida en el macrosistema, aceptado y asumido por el Ministerio de Educación, ignoró adrede la hoja de vida de los aspirantes a cargos en esa cartera y la suplantó por la hoja politiquera irresponsable.
Esa estrategia tóxica ha incidido en la baja calidad de la educación, ya que han designado directores de distritos y de planteles carentes de condiciones elementales para las funciones inherentes a esos cargos. Muchos ascensos han recaído en los peores servidores. Entre ellos hay técnicos distritales y regionales cuya capacidad no les alcanza para supervisar y acompañar a los docentes de aulas, que son los responsables de impartir la propuesta curricular.
En los centros educativos cuyos directores son peledeístas sectarios y engreídos se forma un núcleo con los maestros y empleados del PLD, que se apoyan y privilegian entre si, mientras persiguen y marginan a los demás. Esa práctica aberrante se ejerce en cualquier distrito educativo, escuela o liceo lejanos o cercanos a la sede central del Ministerio, lo que permite afirmar que su incumbente conoce bien esas rechazables distorsiones. Si no se desestímula y se persigue esa práctica politiquera, serán inalcanzables los logros a que todos aspiramos con el cumplimiento de la ley que asigna el 4% del macro presupuesto nacional. Lo decimos ahora porque después será muy tarde.
Atentamente,
Lic. Santiago Martínez.
Santo Domingo.

