Campaña sucia
Señor director:
Creo que desde que tengo uso de razón odio la difamación y mucho más la injuria que en términos electorales se llama campaña sucia. Políticos y seguidores maltrechos con miedo a perder elecciones se dedican a desautorizar, a denigrar, a calumniar al contrario, sobre todo cuando lo atisban futuro vencedor.
Lanzan a la opinión pública una calumnia o, tal vez, una verdad, pero desfigurada, o desnudan un hecho indebido del candidato, pero privado y oculto, para restar votos al contrario con la confusión que crea la campaña sucia. Y lo peor es que lanzan las mil calumnias sin una sola prueba.
Siempre recuerdo el caso del suicidio del político cubano Eduardo R. Chibás Rivas.
Mal informado por una aviesa conspiración, Chibás lanzó en su programa de radio de la CMQ de La Habana, el contenido del falso testimonio que le instalaron, como un gancho, en sus oídos. El político aludido como culpable de la falsedad se limitó a imprecar a Chibas por todos los medios de comunicación: pruébalo, presenta las pruebas .
Y como no pudo probar la falsedad, Chibás se suicidó disparándose un tiro frente al micrófono de la citada emisora, al tiempo que exclamo: más vale el honor sin vida que la vida sin honor.
El descaro mayor es cuando el autor de la campaña sucia se atreve a increpar y a exigir al difamado que presente pruebas de que el difamador miente. En realidad, toca al difamador presentar las pruebas de su campaña sucia o desmentirse, lo cual nunca ocurre.
El político difamado no tiene que ir a los tribunales sino exigir al portavoz de la campaña sucia que pruebe con elementos suficientes y eficientes que lo que dijo es verdad. Lo que nunca podrá hacer.
La Ley debe castigar al actor y también al mandante de la campaña sucia, que es deleznable cuando tiene lugar durante el periodo electoral porque atañe al bien común. La campaña sucia debe castigarse con una pena mayor mientras más alta es la jerarquía en la boleta electoral del candidato difamado.
La campaña sucia es rotundamente execrable porque engaña mayormente a los sectores populares, carentes de información, de capacidad para discernir la verdad de la mentira, la campaña sucia de la campaña veraz.
No a la campaña sucia. Sí a la campaña limpia.
Atentamente,
Lic. Francisco Dorta-Duque,

