Leonel, sigue
Señor director:
En 1986 asistí a una misa funeral a la cual también concurrió el entonces ex presidente, más callado y taciturno que nunca, doctor Joaquín Balaguer. Advertida su presencia, los periodistas se le acercaron con su acostumbrada ráfaga de preguntas. Balaguer alzó la voz y gritó: No más préstamos ni más impuestos
Me volví a quien estaba a mi lado, y le comenté: Balaguer comenzó su campaña política, 1986. Esa persona, astuto político, me respondió: Escribe eso. Ésa es la verdad. Y así fue, para sorpresa de muchos.
En estos días, algo parecido me sucedió al leer las palabras del presidente Leonel Fernández, en su reciente visita a Cartagena de Indias, al comentar la situación política del presidente Álvaro Uribe.
Leonel, impresionado por la obra de gobierno de Uribe, expresó su inconformidad porque no pudiera reelegirse debido a un constreñimiento institucional. Se refería a la no reelección, consignada en la Constitución colombiana.
En este halago implícito a la gestión de Uribe se vierte un desacuerdo frontal con Chávez, quien ha denostado continuamente a Uribe, hasta el punto adocenado de no querer dialogar con el presidente limítrofe.
Leonel quiso, o yo lo intuyo, resaltar que él es un líder hemisférico independiente. Es decir, que tiene su juicio propio con respecto a la gestión de Uribe, gústele o no a Chávez.
En eso demuestra el dirigente su liderazgo. En la independencia de su juicio y de su acción política sobre todos los demás. Y Leonel lo tiene demostrado, refinerías más o refinerías menos. Se le importa.
Pero, volviendo al tema central. Al expresar su disentimiento en el caso Uribe, Leonel muestra también su pareja incomodidad por el constreñimiento constitucional que lo afecta a él mismo en términos de su no reelección en el 2012.
¿Qué hará el inquieto hijo de Villa Juana? ¿A qué se debe tanto ir y venir por lomas y valles, durante esta campaña electoral que no le incumbe?
Su pasmosa habilidad política, que arrastra tras de si cuanto partido minoritario brinca y salta y sedujo con un pacto agridulce a Miguel Vargas, ¿no maniobrará con tacto y fuerza si decide aspirar?
Y, su genio jurídico, ¿no logrará modificar constreñimientos institucionales en una materia objeto de cambios hoy y cambios mañana, como es la reelección presidencial aquí?
Al futuro me remito.
Atentamente,
Lic. Francisco Dorta-Duque
Santo Domingo

