A Educación
Señor director:
Como la ministra de Educación no conoce la problemática de todos los centros educativos, le estamos haciendo saber por esta vía la difícil situación que atraviesan algunas escuelas que avergüenzan a su personal, a sus comunidades y al mismo ministerio. La escuela Paz y Bien, localizada en el barrio Capotillo, fundada por el señor Osvaldo Sánchez y reconstruida por la gestión del exministro Melanio Paredes, ha sido victima de la malquerencia de autoridades locales y de la propia sede del Ministerio de Educación.
Actualmente, conserjes, secretarias y voluntarios de la comunidad tienen que dar clases en varios cursos, porque les faltan maestros, además de butacas, archivos y mesas para profesores. Es igualmente preocupante que no reciben el desayuno ni la merienda escolar, perjudicando así a aquellos alumnos.
Otra realidad a destacar es la del barrio 27 de Febrero, que lleva 40 años esperando que le construyan su escuela. Allí dan clases en ocho casitas alquiladas, techadas de zinc, con dos nombres de escuelas, en locales pedagógicamente obsoletos y humanamente denigrantes. Inicialmente fue una sola casita hace 40 años, y desde entonces ninguna gestión se ha interesado en cumplir con la demanda natural y legal de construirle su escuela a esa comunidad. Funcionarios y políticos de poder solo pasan por ese barrio en campaña electoral, abrazando y besando, como parte del accionar normado por los politiqueros.
Otra escuela y/o comunidad adonde no ha llegado la modernidad de los nuevos tiempos es la Escuela Básica Mata Naranjo, en la sección del mismo nombre, provincia San Cristóbal, donde los maestros y maestras trabajan con matrículas de entre 50 y 90 alumnos por curso.
Esta insólita situación debería ser averiguada directamente por el Ministerio de Educación, para que la Regional de Educación 04, de San Cristóbal, y el Distrito Educativo 04-06, de Haina, no le metan gato por liebre. Quien tenga a su cargo la dirección de esa escuela no tiene perfil para dirigir, porque a los docentes se les quiere vivos y sanos durante y después del desempeño de su profesión. En tales condiciones, esa escuela no está obligada a promover ni el 50% de su alumnado. Allí y en todo el país, hace falta la intervención de la ADP, sindicato que una vez fue defensor de las conquistas, intereses y bienestar de los educadores.
Atentamente,
Lic. Santiago Martínez
Santo Domingo

