Luto
Señor director:
Este mes es luctuoso para los familiares y vecinos de Manuel Pichardo (Pacito) y Ramona Neris Sosa (Doña Ramo), y nos invade la tristeza, pues quedamos huérfanos de su afecto y su sapiencia. Pacito, con 92 años a cuestas, era trabajador incansable y mantenía abierto su taller de electromecánica, y ahí los veíamos, a pesar de que sus familiares le pedían que cerrara el negocio.
Cada domingo, por la tarde, me sentaba con él en la puerta del taller, a escuchar la música del ayer, que le fascinaba. Leía el periódico Hoy, porque no lo compro los domingos, y luego hablábamos y era grato escucharlo, porque su sapiencia era impresionante. No han pasado los nueve días y se nos va doña Ramo, otra vecina querida, maestra de maestros, cuyo velatorio fue fuera de serie. Muy concurrido fue el homenaje de los comunitarios de Sabana Centro.
Ella fundó, hace 40 años, la escuela Profesora Ramona Neris Sosa. Ahí laboró mañana, tarde y noche, y cuando los padres se resistían a mandar sus hijos, iba casa por casa a buscarlos. Por eso, no resultó extraño que muchas personas externaran que la querían como a una madre.
Le hizo entender a los padres y a los alumnos la relevancia de estudiar, para convertirse en profesionales de bien y en entes productivos. Sus prédicas respecto a los valores eran constantes, según narraron exalumnos ya profesionales. El mismo amor que les dio a ellos recibimos quienes fuimos sus vecinos, y, obviamente, se lo reciprocamos en vida y se lo manifestamos en el velatorio. Le dijimos adiós con canciones cristianas excelentemente interpretadas por los cantores de la parroquia San Gabriel, y no faltó la voz melodiosa de la tía Nancy Peña, quien siempre dispone de su escaso tiempo para llevar un poco de aliento a los parientes de los difuntos del barrio que la vio nacer.
No queremos ver partir a quienes amamos, pero hay que vivir y también morir. A fin de cuentas, lo único imperecedero es el amor. Y vivamos cada día como si fuera el último. A Manuel Pichardo y a Ramona Neris Sosa, que Dios los tenga en el lugar que se ganaron en vida, y consuelo a sus familiares.
Atentamente,
Lic. Teresa Gómez
Santo Domingo

