El trabajo
Señor director:
La verdad es que en este país nos hemos acostumbrado a vivir de apariencias.
Basta decir que aquí hay muchísimos carros de lujo y al mismo tiempo mucha pobreza. Y que hay mansiones de lujo en las cuales el almuerzo es en porciones contadas.
La educación tiene un importante papel qué jugar en esto. Hay que construir algo que no sea simple apariencia, la gente debe enamorarse de lo que ha decidido hacer, de la carrera que ha elegido.
Y lo digo, porque, del mismo modo, hay quienes ostentan títulos que no merecen o que han obtenido mediante engaño, y tienen siempre presente anteponerlos al nombre propio.
No son las letras delante del nombre las que hacen a un buen profesional, es su rendimiento en el trabajo, es su trabajo de siempre, es lo que tiene que hacer la persona cuando se gradúa, el buen desempeño que debe tener.
Quien ostenta un cargo, se coloca delante un título que no posee, pero gasta más tiempo y mayor cantidad de energía ostentando que haciendo lo que debe hacer.
En otros países, en países donde la gente se educa para tener la satisfacción de acceder al conocimiento, la gente no antepone los títulos a los nombres.
Pero, además, aquí en cada sector (maestros, médicos y demás), los ministerios, que antes eran secretarías de Estado, dicen que han gastado mucho dinero en capacitación de personal y luego dicen que el personal que tienen no puede reclamar aumento salarial porque no está suficientemente capacitado. ¿Quién entiende?
Lo único que no requiere recursos para ser escondido es el trabajo, porque se puede y se debe exhibir como ejemplo a todo el mundo.
Y es el trabajo lo que falla en nuestro medio.
No quiero politizar este comentario, pero los políticos nuestros viven más de apariencias que de trabajo.
Hay que ver cuánto gastan los gobiernos en propaganda para obras que ellos entienden necesarias. No hay que hacer tanta propaganda si en verdad se piensa que se ha tomado la mejor decisión, la que más conviene al país.
Y hay que insistir en el trabajo, porque, como dice el viejo adagio, es en los hechos que se conoce a la gente.
Atentamente,
Rafael A. Castro.
Santo Domingo.

