Una leyenda
Señor director:
Aquella mañana, hace décadas, me llamó un amigo desde Santiago para informarme que, nuestro mutuo amigo, Manuel Arsenio Ureña estaba presopor el delito de deforestación.
Cuando oí aquella hiperbólica contradicción, mis oídos rechinaron en afán de expulsar lo que captaban. De inmediato, lo llamé por teléfono y le dije: Pero Manuel, a ti, que te has ocupado demasiado por la foresta dominicana, como fundador del grandioso Plan Sierra y en pequeños proyectos locales, ¿cómo te pueden hacer preso por deforestar? Me respondió desinteresado: Así es la vida .
Pero, Manuel Arsenio era tan despreocupado, y, por otra parte, vivía tan inmerso en sus afanes comunitarios y de sus negocios, que continuó la conversación con increíble tranquilidad: A propósito, he decidido vender un edificio de cuatro pisos que tengo en la 27 de Febrero, en la Capital mira a ver si logras su venta. Mis amigos conocen mi nulidad para el comercio. Hasta pensé: Será para que me gane una comisión. Manuel Arsenio pensaba en todo y se atrevía a todo.
Tal vez, recordando la pobreza de su niñez y juventud hasta que empezó a escalar la cumbre financiera, se ocupó de ayudar a todo el que tenía necesidad. Era, en eso, una leyenda.
Ignoro si era dado a conceder limosnas, que no descarto, pero fue grande su labor social ideando instituciones que sirvieran a la comunidad local, que era su paradisiaco valle intramontano San José de las Matas, o su postizo Santiago y, más aún, la Sierra inmensa.
Por su talento, su agudísimo sentido común, su sencillez, su sonrisa y su don de gentes, creaba instituciones tales como el Plan Sierra, la Asociación Cibao de Ahorros y Préstamos y, en lo más alto de sus miras, la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra. Era, en eso también, todo una leyenda.
Finalmente, fue invitado a presidir el Banco ADEMI para promoción y financiamiento de las pequeñas y medianas empresas y, bajo su iniciativa, hubo metas alcanzadas y cifras que más bien parecen un milagro.
La última vez que lo saludé, fue a finales del año pasado en la premiación a las mejores microempresas auspiciada por CITI. Nos abrazamos con la euforia de siempre. Nunca pensé que la próxima noticia que tendría de Manuel, sería su fallecimiento.
Descansa en paz, leyenda dominicana.
Atentamente,
Lic. Francisco Dorta-Duque
Santo Domingo

