La Policía
Señor director:
Muchos estamos de acuerdo con la reforma policial, pero es insólito que el gobierno pretenda cambios significativos en la Policía Nacional si no mejora la calidad de vida de la mayoría de los agentes, quienes recorren nuestras calles en condiciones de mendicidad, y sin hacer una profilaxis, porque el irrespeto a los derechos humanos en nuestro cuerpo policial es una pandemia, y abundan los jefes que ignoran esto: Al hombre lo gobierna la ley, no la voluntad de otros hombres.
Y muchísimo duele la indolencia de los gobiernos que nos damos, ante los desmanes policiales contra jóvenes honestos y pobres, pero para los garantes del orden pobre, joven y delincuente son sinónimos. Por eso abundan en los barrios los jóvenes lisiados, y peor les fue a los que tienen la hierba alta. La respuesta de las autoridades policiales a esos hechos es formar comisiones para investigar, pero ellos son juez y parte. Por eso casi nunca hay consecuencia. Ahora está en la picota el caso de los jóvenes que adiestraban para ingresar al cuerpo del orden, pero será un bochorno más, de esos que producen vergüenza ajena, pero es como ver la lluvia caer, pasó y ya.
Recientemente, publicaron una encuesta en la que la Policía saco un 8% de credibilidad, y mucho sacaron, porque todo lo enredan con mentiras burdas. Está clarísimo que esos muchachos se deshidrataron, por la falta de líquido que tenían que ir ingiriendo, para reponer el que perdían en los ejercicios. Se les secaron los riñones y por eso los dializaron. Ojalá ese problema no les deje secuelas que lesionen su calidad de vida. Este caso debería servir de lección al gobierno y a los jefes policiales, y muchos aspiramos a que sea el último, porque es pertinente recordar que otrora otros jóvenes han tenido problemas de salud por los entrenamientos y peor les fue a algunos que están en el más allá.
Lo sensato es que, si no hay dinero para alimentarlos, para evaluar su salud y para hidratarlos cuando se ejercitan, enganchen sin entrenar a los jóvenes pobres y muy pobres, que deciden ingresar a la Policía porque no tienen otra alternativa laboral, pero merecen un trato más humano, pues son víctimas de los los soberbios y ególatras, que se entienden dueños del país.
Atentamente,
Lic. Teresa Gómez.
