Opinión

Cartas de los lectores

Cartas de los lectores

Estocada 
Tras un período que podríamos definir de estabilidad política en  Latinoamérica, nos sorprende un golpe de Estado con la anuencia militar en Centroamérica, República de  Honduras. Aunque somos conscientes de las  debilidades  en la gestión  política y administración económica e institucional que prevalece en nuestra Latinoamérica y, ello lo confirma en parte,  la masiva emigración debido a causas de índole tan elemental como trabajar  para subsistir.

Pero ingenuamente creía que a estas alturas las Fuerzas Armadas en Latinoamérica habían alcanzado la “mayoría de edad” e  incluso a pesar de  ser países subdesarrollados-aunque ahora les llaman en vía de desarrollo-gozaban de profesionalidad, es decir, que  esta puñalada  a la democracia estaban alejadas de las mentes de los que tienen que salvaguardar la seguridad de la región,  siendo conscientes de su rol y limitaciones tanto en lo civil como militar.

América Latina y el Caribe, donde a pesar de tener fallos en algunas  actuaciones  a veces no muy transparentes  especialmente  a nivel electoral y un bajo perfil de aceptación de la derrota como lo hiciera en un discurso que es  inmortal desde mi punto de vista el señor MacCain  A pesar de ello, ya  éramos capaces de que los labios   del candidato perdedor  pronunciase palabras de  felicitaciones  al  presidente y al  partido político ganador. A eso ya nos estábamos acostumbrando en la región.

Es un retroceso que afectará  y repercutirá de forma negativa a nivel primero  al país hermano de Honduras que está viviendo-probablemente-uno de los momentos peores de su historia política reciente, así como la connotación en la región y en la Comunidad Internacional desde el mismo instante que se supo de este golpe de Estado cívico-militar,  generando la  unidad en cuanto a  censurar este tipo de soluciones políticas en pleno siglo XXI.  No debemos dejarlo pasar.

No podemos admitir ni consentir este acto, además, de  tomar las medidas de lugar los organismos internacionales para que no vuelva a suceder y, a la vez, se restaure al presidente elegido por las urnas.

Debemos todos unirnos y decirle no al impostor presidente que mezquinamente se valió de algunos   acomplejados militares que aun sienten nostalgia de sus glorias y poder avasallador  del  pasado.

Al presidente hondureño Manuel Zelaya le debe ser devuelto  su legítimo puesto.

Balbina Negreira
Madrid, España

El Nacional

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