Opinión

Cartas de los lectores

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Campaña sucia

Señor director:

 A pesar de la sagacidad política que se les atribuye a los dirigentes del PLD, ese partido lleva a cabo una campaña reactiva y llena de complicaciones que determinan una creciente crisis de credibilidad, pues se ven forzados por las circunstancias a actuar a la defensiva, a rehuir temas relevantes de la vida nacional y a decir lo contrario de lo que piensan o hacen desde el poder.

Por otro lado, en vez de tratar de vender los méritos de su candidatura, lo que hacen es dirigir una campaña sucia que pone en guardia al electorado sobre la propuesta oficialista, que, siendo de continuismo, se presenta como de cambio.

Enredados en galimatías con los que pretenden explicar su situación de ser y no ser al mismo tiempo, como el Hamlet de Shakespeare, los amigos peledeístas saben que su campaña electoral no tiene unidad de sentido, es confusa y no tiene fundamento ético, lo cual es percibido claramente por los electores.

El discurso de campaña del PLD es contradictorio, carece de una orientación genuina, y, por tanto, resultan incompatibles el mensaje dirigido a la razón y el que dirigen a los sentimientos de los destinatarios. Esa contradicción pesa en la conciencia del ciudadano en el momento de votar.

Muchas de las inconsistencias de la campaña del PLD se deben al convencimiento de Danilo Medina de que ese partido será derrotado en estas elecciones, como lo expresó en el 2008, al decir que el PLD ganaría ese año, pero no en el 2012, criterio del que surgió el lema aquel que decía: ¡Ahora es!

Una incongruencia capital del candidato peledeísta reside en que su promesa de combatir la corrupción es invalidada por el hecho de que son los corruptos más conocidos quienes le están dirigiendo la campaña.

La candidatura presidencial del PLD es un fardo muy pesado para Danilo Medina.

El pueblo percibe que la corrupción está derrotada, y de ahí no lo saca nadie. La campaña irrespetuosa del PLD jamás podrá cambiar esa percepción, porque le ha pasado lo que le ocurre a un carro empantanado en un camino cenagoso, que mientras más lo aceleran, más se hunde en el lodo. Es obvio que una campaña sucia, cuando es inmerecida, ensucia solamente a quien la hace.

Atentamente,

Alejandro Solano

Santo Domingo

El Nacional

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