Opinión

Cartas de los lectores

Cartas de los lectores

Balaguer

Señor director:

Todo ser humano debe  dejar algo escrito, un libro, un poema,  una novela, ¿por qué  siendo tu hija de un hombre que gustaba escribir  y sobrina de alguien  dedicado a las letras y a las artes no te motivas a escribir aunque sea canciones”?  Mi respuesta,  a estas palabras,  que en una oportunidad me expresó el doctor Joaquín Balaguer  mientras me dictaba uno de sus libros en su despacho del Palacio Nacional, fue:  “Doctor,  prefiero seguir en el desempeño de mis funciones”.   hoy decidí hacerlo al darme cuenta de que a muchos jóvenes de los que hoy se encuentran  en algunos  centros educativos les  presentan una imagen dañina  del “ doctor” ignorando,   talvez, que  una de las principales  preocupaciones  de este gran estadista, ya en las postrimerías de su vida, fue la de que no quería morir sin dejar a la juventud dominicana aficionada a las letras tres libros de carácter didáctico:  “España Infinita”, “Grecia Eterna” y  “La Raza Inglesa”.  Recuerdo su gran interés en terminarlos, a tal punto que laborábamos de día, de noche, sábado, domingo y días festivos.   En ese entonces estaba embarazada y tuve dolor de parto a su lado, pues esperé el último momento para salir.    A  los catorce días me mandó a llamar. “No quiero morir sin dejar estos libros  escritos”, me dijo.  He aquí una muestra de la  devoción que este ser extraordinario sentía por los jóvenes.

Todos los que tuvimos la honra de conocer a Joaquínl Balaguer pudimos percibir en él su gran preocupación por el destino del país, en especial porque una gran parte de los campesinos obtuviera una  parcela, las familias desposeídas un techo,   y,  sobre todo, una mejor educación para nuestros  jóvenes.

Su vida se apagó  un 14 de julio del año 2002, pero su obra se inmortalizó en el corazón de todos los dominicanos.    El  pueblo lloró  la partida de aquel  hombre que bajo el grito  de  “A paso de vencedores”  gobernó principalmente para la masa desposeída.

Yo, por mi parte, lloré a mi guía, mi mentor,  mi consejero,  pero al final de mi suplicio, reí y le di gracias a Dios porque nos dio la oportunidad de tenerlo entre nosotros. 

Ha pasado el tiempo y otras generaciones han tomado en sus manos los destinos del país, valorando en su justa dimensión,  la obra histórica, literaria y política de Balaguer.

Atentamente,

Rosa Domínguez

Santo Domingo

El Nacional

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