Orlando y el furfural
Señor director:
Numerosos comentaristas y articulistas se alimentan de la superficialidad. Han caído en el inexcusable desacierto de enjuiciar la obra Crímenes contra la prensa. Atentados y censuras en República Dominicana 1844-2007 sin haberla leído, y cuando se les pregunta sobre su contenido responden que me dijeron que tú dijiste, o se amparan en datos publicados en la prensa en forma fragmentada, por razones de espacio.
Por esa pendiente equivocada ha transitado el apasionado y coherente coordinador del Movimiento Caamañista Narciso Isa Conde, quien me atribuye haber dicho que el asesinado periodista Orlando Martínez participó en la obtención y trasiego a Cuba de la fórmula secreta del furfural.
Lo que digo es que la Gulf ordenó una investigación, que determinó que en la cadena del trasiego habría participado Orlando Martínez y especifico que éste estuvo ajeno a ese proceso de transferencia del producto (pág. 454 de la obra de referencia).
Resulta sincera y relevante la confirmación hecha por Isa Conde sobre la operación del furfural: En ese hecho participamos activamente Asdrúbal Domínguez, José Israel Cuello y yo, quienes decidimos, junto a otros miembros del Comité Político del PCD, enviar a Cuba ese secreto tecnológico en compañía del referido ingeniero, para así traspasarle toda la información a la Revolución Cubana y ayudarla a enfrentar el bloqueo estadounidense. Se trató de un viaje clandestino relámpago, sumamente fructífero. Tan fructífero, que ya en 1968, cuando viajé clandestinamente a Cuba, los cubanos estaban produciendo furfural y una parte de sus derivados.
Isa Conde, a quien agradezco el interés que mostró para que este libro saliera a la luz y su asistencia a la puesta en circulación, al utilizar dos calificativos no reparó en que él y yo coincidimos en más de un 95% en los planteamientos sobre Orlando Martínez. Los generales autores intelectuales señalados por él son los que yo menciono, y su versión es la primera que plasmo. La de la Gulf ocupa un lugar secundario, y su desarrollo fue el punto culminante de una investigación complementaria de la de Isa Conde.
No quisiera explayarme en otras refutaciones. Las denuncias y revelaciones del libro reflejan mi forma de pensar, y constituyen un mentís a cualquier expresión no apropiada respecto a Joaquín Balaguer, quien, como saben muchos, nunca ha sido santo de mi devoción.
Atentamente,
Oscar López Reyes

