Opinión

Cartas de los lectores

Cartas de los lectores

Hatuey y los evangélicos

Experimentado y diestro político, Hatuey De Camps ha externado su   apoyo a que se permita a las iglesias evangélicas formalizar matrimonios. Hatuey y otros, reclaman equidad frente a la Iglesia Católica. El obispo de La Altagracia ha manifestado no tener oposición a que se otorgue tal licencia a los evangélicos.

El matrimonio es una institución del derecho  civil y como tal hay que verlo. En Francia, donde se origina  nuestro derecho, el matrimonio religioso no existe a partir de la Constitución de 1791. Entre nosotros, el matrimonio católico apareció en 1954, cuando en el artículo 15 del Concordato celebrado entre la Santa Sede y el Gobierno dominicano, se estableció: “La República Dominicana reconoce plenos efectos civiles a cada matrimonio celebrado según las normas del derecho canónico”. El Concordato dio lugar a la prohibición del divorcio civil entre quienes escogieran el matrimonio católico. La Ley 3932-54 agregó dos párrafos a la  de divorcio para consignar la prohibición.

En 1977, ante un recurso de casación interpuesto por el señor Hermenegildo Gutiérrez  contra una sentencia de divorcio de la Corte de San Francisco de Macorís, bajo el alegato de la improcedencia del divorcio por tratarse de un matrimonio católico, la Suprema Corte  declaró esta prohibición  incompatible con los derechos garantizados por la Constitución, quedando eliminada la prohibición de divorciarse por lo civil a los  casados por lo católico

La prohibición a otras religiones  de celebrar   matrimonios, no es religiosa, sino de orden administrativo. Tomando en cuenta la dispersión de ciertas religiones, ¿quién garantiza el buen manejo de los archivos de esos  documentos? Claro, no he olvidado el caudal de votos que implica el conglomerado evangélico.

Antoliano Peralta Romero

Santo Domingo

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Los apagones

Señor director:

Uno no sabe a quién recurrir para que ponga fin a este drama. Parece que las autoridades no se dan cuenta de que los apagones, además de pérdidas, representan atraso.

A mi hija, le he prohibido tomar materias de 8 a 10 de la noche y eso ha impedido que termine sus estudios universitarios, ya que somos pobres y ella trabaja medio tiempo.

¿Se han puesto  a indagar esta realidad, que, de seguro ocurre en muchos hogares? Sería tema de un interesante reportaje.

Lic. Sara Romero

Santo Domingo.

El Nacional

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