Opinión

Cartas de los lectores

Cartas de los lectores

Guerra a la verdad

Señor director:

Desde la antigua Grecia, el hombre ha tratado de pensar en la última razón de ser de las cosas. “Desde el momento en que se comienza a ponderar la esencia de la verdad, somos confrontados cara a car con la necesidad de un absoluto universal, esto es, la eterna realidad de Dios”. La más valiosa lección   de la filosofía, es que: “es imposible que la verdad tenga sentido, sin conocer a Dios como el punto de partida”. Sin embargo, el pensamiento occidental busca formas para que la filosofía  rechace toda noción coherente de la verdad.

  El concepto de  verdad está, pues, bajo   ataque en la comunidad filosófica, el mundo académico y el ambiente de las religiones, aun de las  protestantes, que han borrado a Sodoma y Gomorra de las Escrituras.

La modernidad que culminó en 1989 con la caída del Muro de Berlín, abogó por el racionalismo, sostuvo que el razonamiento es el árbitro  de lo que es verdad. Descartó la idea de lo sobrenatural y abrazó las explicaciones racionales. Que la verdad sólo se establece a través del método científico. Esta presuposición dio nacimiento al darwinismo, ateísmo y utopías como el marxismo, fascismo, socialismo, comunismo y la teología de la liberación. La devastación de estas ideas se dejó sentir cuando la humanidad, a pesar de ellas y por ellas, desembocó en dos guerras mundiales y muchas guerras nacionales y revoluciones.

En 1989 surge el pensamiento post-moderno, el cual sugiere que “si la verdad objetiva existe, no puede ser conocida objetivamente; debido a que la subjetividad de la mente humana hace el conocimiento objetivo de la verdad, imposible”. El postmodernismo guarda distancia de los absolutos y no reconoce  verdad  axiomática. Sostiene que si se alcanza la verdad, “ésta se convierte en algo infinitamente flexible y finalmente no cognoscible en todo sentido objetivo”.

Reparamos entonces, que el racionalismo de la modernidad  y el irracionalismo de la postmodernidad se contradicen entre sí; el postmodernismo como reacción supera el modernismo y se entroniza como la corriente filosófica de la globalización. El cristianismo se enfrenta al pensamiento postmoderno, que eleva los sentidos naturales por encima de la existencia del Dios Eterno de las Escrituras. Es una lucha sin cuartel contra tendencias peligrosas que fomentan la disolución, el vicio, el orgullo, y por ende, acicatea la delincuencia.

Atentamente,

Elías Wessin Chávez

Santo Domingo

El Nacional

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