Opinión

Cartas de los lectores

Cartas de los lectores

Esperanzas

Señor director:

 Nos quedan Nuria, Freddy y Huchi: Nos queda la esperanza de un mejor país, nos queda  la posibilidad desgarradora de un cambio, de que el «humanismo» el primero  la gente, el deseo del hombre-mujer como el propósito único de todas las cosas; nos queda el deseo de mejorar la educación nos queda creer, nos queda la esperanza, nos queda la frase «e pa lante que vamos», nos quedan las «sanciones» a los corruptos, la extradición de Ernesto Guevara Díaz (Maconi), el trato de Quirino Ernesto Paulino Castillo. Eso nos queda.

Sin embargo a Miguel Ángel Encarnación, que  pudo sobrevivir 4,745 días, (trece años), que no sé si pudo subirse al Metro, y  que no pudo acceder a la educación «que salva los pueblos”, ¿qué  queda?

¿Que le queda a su familia que tenía esperanzas en él, en su limpiabotas, en su skateboard, en su sonrisa y en sus 156 meses de vida? ¿Qué nos queda; cuando la Policía en esta sinrazón de país, tira a matar, y nadie sabe nada? ¿Qué le queda a Capotillo, barrio de valientes, barrio fuerte, barrio de otra República Dominicana, del rolo, la bachata y  la cerveza, barrio del salón de belleza de la mujer que sola cría a sus hijos, barrio del mecánico de motores, de tapicería, de la ebanistería, del colmado, del ventorrillo y de la iglesia? ¿Qué le queda?

Nos estamos quedando sin país, y algunos creemos que el país son las Torres en la Anacaona, los relojes de US$20,000.00. Nos quedamos sin país, sin el dominicano de cincha y aparejo, el que  lucha.

Nos quedan trece arios de una juventud que no pudo ir pa lante, nos queda el dolor de una madre destrozada, nos queda eso que se siente cuando deseas ver a alguien pagar por un  crimen de lesa humanidad, y nos sacan de aire los sentimientos, privado de alegría y escarnio, privado del dolor, cargado de  carencias… ¿A  quién acudir? ¿Quién nos cuida de esta sinrazón, de esta sociedad alejada del hombre y de la mujer, donde más vale un Metro que un niño, donde más vale un reloj que un hombre, donde con tan poco se podría hacer tantas cosas, y es tanta mi indignación, que no cabe en estas letras.

Pero por lo menos debo decir, si me dejan, y porque tengo hijos, que a quienes matan, a quienes hieren, a quienes con el robo al erario les quitan el pan a los que menos tienen,  que “en la venganza el más débil es más feroz».

Recuerden siempre eso.

Atentamente,

Jorge Lora Castillo

Santo Domingo

El Nacional

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