Opinión

Cartas de los lectores

Cartas de los lectores

Un sistema viciado

Señor director:

Partiendo de la historia, desde la época de la Independencia en 1844 hasta nuestros días, ha prevalecido en el país el germen de la corrupción. Aunque nuestros próceres Duarte, Sánchez y Mella fueron  honestos a carta cabal, su legado no fue continuado por los que se quedaron gobernando cuando ellos desaparecieron de la vida pública.

Nuestra nación, que en 1844 fue declarada  libre y soberana,  no ha estado libre libre  de la corrupción.

De manera que, nuestro sistemas es un sistema viciado desde el pulpero que arregla el peso para robarle al consumidor, el productor de alimentos que acapara los productos para que los precios se disparen, hasta los venduteros que en el mercado ponen frutos bonitos y grandes adelante pero al venderlos te dan los secos y feos.

Desde el médico que saquea los materiales médicos de los hospitales para llevárselos a sus consultorios y clínicas privadas, hasta los médicos insensibles que indiferentes dejaron morir a una pobre madre.

Desde el periodista de prensa escrita que vende su verdad por una prebenda de los gobiernos de turno, hasta el periodista de los medios de radio y televisión que no denuncia al corrupto porque le conviene hacer  de alcahuete.

Desde el senador y el diputado que aceptan soborno para favorecer un proyecto personal y de algún amigo, en detrimento del pueblo, hasta los servidores públicos que se adueñan de las carteras públicas.

Desde el presidente que prefiere seguir el pensamiento de aquel zorro que dijo que la corrupción se paraba en la puerta de su despacho y negar el pensamiento de una honestidad probada que predicó el fundador del partido que él dice presidir, hasta las nuevas generaciones que miran tantos malos ejemplos de engaño, mentira, abuso y despilfarro del patrimonio público.

Sin duda emularán  estos malos ejemplos que carcomen nuestro sistema social, económico, político y cultural en un país donde a pesar de tantos males, vive la gente más alegre de nuestro continente.

En conclusión, seamos ciudadanos que hagamos la diferencia.

No nos dejemos contaminar por aquéllos que son capaces de venderle su alma al Diablo por una yipeta, una casa y una cuenta de banco jugosa.

Atentamente,

Luis Fidel Feliz

Bronx, N.Y.

El Nacional

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