Señor director:
Mi articulo, referido este lunes, 17 de agosto, por el lector Narciso Ramírez Aybar, defiende la aplicación y el debido respeto a la Constitución de la República y sus mandatos. Nada más dominicano que nuestra carta magna. Ella consigna y legitima nuestra nacionalidad. Somos y nos llamados dominicanos porque está escrito y consagrado en ese documento sagrado.
Reclamo con ardor, como dominicano, que la venta de la Refinería Dominicana de Petróleo {REFIDOMSA] sea conocida en el Congreso Nacional, como lo establece nuestra Constitución. Hacer lo contrario, como se pretende en el caso que nos ocupa, es creerse ley, batuta y Constitución. Supongo que esos tiempos están superados. Nada ni nadie está por encima de la Ley. Sólo el pueblo y el Estado son soberanos. Ese mismo Estado que ha existido desde 1844 y permanecerá de pie después del presidente Leonel Fernández.
En cuanto a la congresista norteamericana, Loretta Sánchez, no creo que haya sido intervencionista al advertir la posible violación de un acuerdo bilateral entre nuestro país y el que ella representa. Se refería al DR-CAFTA. Como todo convenio, es de doble vía y con efectos multilaterales, por tanto la legisladora no ha sido una intrusa, toda vez ella representa los intereses de uno de los estados firmantes.
Me imagino que eso de meterme cuco con el Dr. Vincho Castillo ha sido un chiste [un mal chiste por cierto], para no pensar que el grado de ignorancia de este lector sea tal que confunda el rol que habrá de jugar el destacado jurista contra la corrupción en el Estado. No soy funcionario del gobierno. De serlo no creo que haya prevaricación o mal uso de los fondos público en defender nuestra Constitución. Si algo deberá perseguir o denunciar el Dr. Castillo, en casos como éste, es la perversión y el pretendido desconocimiento de lo que manda la Constitución de la República.
Atentamente,
Eduardo Álvarez
Santo Domingo
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Vehículos de lujo
Señor director:
No es que yo sea gobiernista, pero viendo la cantidad de vehículos de lujo que hay en nuestras calles, que nadie diga que éste es un país donde la gente se muere de hambre, porque no es cierto. Hay pobreza, pero menos que la que ha habido en otros tiempos.
Atentamente,
Santa Contreras
Santo Domingo

