Carta a Vargas Llosa
Querido escritor:
Mil veces hubiera querido yo escribir para felicitarle por ese merecido premio Nobel. Pero me veo obligada a referirme a una imposición.
Desde agosto, de manera oculta, el Ministerio de Educación decidió implantar en las escuelas públicas un sistema que se conoce como Texto Integrado y Convergencia de Medios Tecnológicos.
Los contenidos están fundamentados en base a temas segmentados no por capítulos o unidades sino por secuencias sin gradación formativa. Pero además, esta propuesta dispedagógica se sustenta sobre los siguientes principios: Se anula la enseñanza de lecto-escritura imprescindible para la alfabetización; se suprime la enseñanza de caligrafía, ortografía, gramática, vocabulario y se elimina la conceptualización lexical de carácter metalingüístico durante los cuatro primeros cursos de Básica. En cambio, se incluye un treinta por ciento de actividades que sólo pueden aplicarse con medios tecnológicos en escuelas donde no hay energía eléctrica.
Como soy profesora universitaria, no había podido conocer las consecuencias de esta situación hasta hace pocas semanas, así que decidí acercarme a las aulas donde por imposición gubernamental se trabaja de manera exclusiva con el libro único.
Me encontré con los niños aquella mañana dentro de un aula deteriorada, donde había una pizarra de esas verdes que ya no se ven en muchos países, en el techo había lámparas sin bombillos ni conexiones eléctricas, en un espacio físico que sólo Dios sabe cuándo se pintó por última vez. Un grupo de niños y niñas de primero de básica estaban sentados en pupitres desvencijados, y se disponían a copiar dos oraciones sencillas del libro único, que la maestra les estaba indicando.
Los niños intentaban copiar. Necesitaron más de veinte minutos para completar esas dos oraciones. No todos consiguieron terminar el trabajo asignado. Pero las escenas más dramáticas se dieron cuando vi que ninguno de esos veinte niños y niñas podía leer nada. Cuatro meses después de trabajar con el libro único, ese grupo no entiende una palabra. Así pues, esos niños están siendo víctimas de un proceso avanzado de disociación en lecto-escritura.
Le pido que nos responda, profesor Vargas Llosa, que nos responda como ciudadano responsable de América.
Atentamente,
María V. Núñez Fidalgo, PHD
Santo Domingo

