Opinión

Cartas de los lectores

Cartas de los lectores

Apoyo al Presidente

Señor director:

Soy de la corriente de Miguel Vargas Maldonado, en el PRD, y hago un paréntesis en mis intereses particulares, intereses que todos tenemos, para defender al presidente de mi país, quien esta vez no está equivocado. Créanme que, si lo estuviera, no lo defendería por ser dominicano, pues, si así procediera, pecaría de ligero. No es por dominicano, es porque el planteamiento del doctor Fernández es cónsono con lo que esta pidiendo el mundo.

La democracia no es el pastel de unos pocos, es un concepto de legitimación política y participativa, y en eso no debemos ceder.

Además, me la voy a jugar, la figura del presidente de mi Estado merece que se le respete, y más por un grupo de usurpadores que drenan odio de clases y grupos oligárquicos.

Soy un opositor, pues mi partido está en la oposición, pero eso lo dirimimos en el escenario político nacional.

Mi partido, que es el de José Francisco Peña Gómez es el buque insignia de la democracia dominicana, y no otro. Así, pues, que, si somos coherentes con esta actitud, es bueno recordar que el gobierno de Bosch no era del PLD sino de nuestro siempre glorioso PRD, dintel irrefutable de la democracia dominicana.

Pido respeto para el presidente de mi país. El debate político es de ideas, y no se lleva a sangre y fuego.

Zelaya es el auténtico presidente de Honduras y eso no debemos jamás perderlo de vista.

Que el odio y las diferencias no nos afecten el juicio.

Atentamente,

Roberto Reynoso

Santo Domingo

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Nosotros mismos

Señor director:

Cuando el presidente Leonel Fernández viaja al exterior, por lo regular viene anunciando inversiones y negocios muy buenos para el país, que no siempre se dan.

Sería importante que, por iniciativa de nosotros, los dominicanos, nos fijemos una verdadera agenda que incluya la autosuficiencia alimentaria y el aumento en la capacidad productiva que permita que sean fabricados en el país los artículos que más consumimos.

Si seguimos esperando que los grandes capitales lleguen de otros países o de otros continente, estaremos siempre en una estación vacía. Soñar no es malo, pero tiene un límite.

Atentamente,

Juana S. Castillo

Santo Domingo

El Nacional

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