Carlos, presidente PRSC
Señor director:
El ingeniero Carlos Morales Troncoso no ha tomado posesión de la Presidencia del PRSC hasta el momento en que escribo estas líneas. ¿Por qué? Ante todo, es una persona decente. Me lo enfatizó hace poco su amigo de juventudes y compañero, aunque para diferentes ingenierías, de la Universidad del Estado de Lousiana, USA, el ingeniero Carlo Marranzini.
Ni la Gulf + Western Americas lo hubiera designado su Presidente aquí ni el Presidente Balaguer lo hubiera escogido para su Vicepresidente si esto no fuera así.
Y la decencia rechaza el oportunismo.
Un partido político que rehúye el poder de las bases gira en el vacío. La cúpula, sin la autoridad de las bases, señaló a un ínfimo número de miembros para orquestar una convención no delegada.
De ese minúsculo grupo señalado con dedo convencionaron menos de las dos terceras partes. Y éstos eligieron al presidente del PRSC. Carlos reculó con asombro. Y desdén. Apenas balbuceó: Muchas gracias.
Se excusó, se distanció y no volvió a aparecer hasta que se allegó al local de la Fundación Joaquín Balaguer. Parte de la prensa construyó que Carlos estaba allí para tomar posesión. ¡Horror!
Observadores afirmaron que habría ido allí para recordar con nostalgia su primera entrevista con el líder difunto. Otros votaron que fue un tácito reconocimiento a la Fundación, que honra a Balaguer mejor que el partido.
Carlos, hoy bebe vodka en Rusia. ¿En que parará la cosa, caballeros?
¿En qué parara?
Atentamente,
Lic. Francisco Dorta-Duque
Santo Domingo
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La novela
Señor director:
Han pasado ya varios meses desde la premiación del escrito de Aída Trujillo, premiado como novela aunque, a mi juicio, es testimonio.
Y sólo queda la enemistad entre algunos de nuestros hombres de letras, que han intercambiado calificativos que los desmeritan a todos.
La verdad es que el público ha olvidado el episodio, y sólo algunos que aún se lanzan indirectas en suplementos especializados parecen estar en el asunto.
Una cosa hay que admitir: este pueblo no ha hecho filas para buscar la obra premiada, y quienes hicieron eso sólo hablan cuando están obligados.
Atentamente,
Aridio Solano
Santo Domingo

