Opinión

Cartas de los lectores

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5  dominicanos

Señor director:

Cinco dominicanos, dos mujeres y tres hombres, fueron condenados en Puerto Rico por entrar a territorio estadounidense de manera ilegal. Los imputados, identificados  como Roberto Berroa Núñez, Juana Rosario Marte, María Mercedes De Jesús, Pedro Antonio Carrión Báez y José San Quintín Álvarez. Berroa Núñez y Rosario Marte deberán cumplir 30 días de cárcel; De Jesús 45;  Carrión Báez y San Quintín Álvarez,  al tiempo ya cumplido.

Estamos buscando sentencias de ese tipo emitidas en tribunales dominicanos condenando algún extranjero, incluyendo haitianos.  Deportaciones sí hay. No adecuadamente ni con la frecuencia debida, desde luego.

Organismos y personas que se ocupen de proteger y defender a los haitianos establecidos aquí, no faltan. Pero no sabemos si los  dominicanos  residentes en Puerto Rico tienen la misma suerte. Ni como habrá reaccionado el cónsul dominicano en Puerto Rico ante esa condena. ¿Se habrá tomado la molestia de investigar si fue observado el debido proceso?

Cada nación está en derecho de repatriar a cualquier intruso que trate de penetrar a su territorio  de manea legal.  Ignoramos, sin embargo,  si las leyes norteamericanas contemplan la condena en estos casos o una simple deportación. Tampoco tenemos noticias de cómo reaccionó el representante dominicano en Puerto Rico cuando el Ministerio Público intentó incriminar a uno de nuestros ciudadanos, alterando su historial, lo cual fue admitido por el propio representante del Estado.

Lo que sí sabemos  es que nuestros vecinos y hermanos de Haití están bien apertrechados y cuidados, legítimamente,  por ex mandatarios de Estados Unidos,  gobiernos amigos,  defensores de los derechitos humanos, políticos, periodistas, artistas e iglesias. 

Con la antipatía hacia los dominicanos, que parece haberse desatado, en la Isla del Encanto, ya nos imaginamos cómo la pasaría una madre dominicana que se le ocurra la infeliz idea de tomar un niño para plantarse en una esquina del Viejo San Juan a pedir limosna.  Aquí, por lo pronto, no pasa nada con las madres haitianas y sus hijos que piden libremente en esquinas de Santo Domingo, Santiago y San Francisco. Gracias a la generosidad, tolerancia y solidaridad de los dominicanos.

Atentamente,

Eduardo Álvarez

Santo Domingo

El Nacional

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