Los locutores
Señor director:
Quien suscribe, fue locutor de Radio Clarín y HIJB, cuando estas emisoras estaban en pleno apogeo y dominaban la audiencia nacional e internacional.
Al igual que otros locutores, formé parte de los alumnos de la escuela que funcionaba en Radio Televisión Dominicana, donde, sobre todo, se exigía respeto para los oyentes.
Decir una mala palabra o palabra obscena por una emisora equivalía a la expulsión del locutor de esa entidad, amén del baldón profesional y moral que constituía el desliz para el locutor.
Lo anterior viene a cuentas, porque actualmente no pocos locutores de ese entonces se sienten sorprendidos por la forma en que se conducen los colegas de la nueva generación, y otros que, siendo profesionales de vieja data, faltan el respeto a los oyentes con palabras obscenas y con un comportamiento que dista mucho de la función de un profesional de la radio, como son los insultos que profieren contra cualquier oyente que no esté de acuerdo con su predicamento.
Al igual que un deportista, el locutor es tomado como ejemplo por personas de todas las edades, sobre todo los niños, que citan sus frases y ocurrencias, y lo que salga de la boca de este profesional, sea negativo o positivo, incide en el comportamiento de esos oyentes.
El presidente Leonel Fernández acaba de poner el dedo sobre la llaga, al opinar que la Comisión Nacional de Espectáculos Públicos es un organismo infuncional, porque, aunque tiene facultad para hacerlo, no evita el estiércol que diariamente se propala por emisoras de radio, donde se condena a un acusado que no ha sido juzgado por un tribunal o se hacen acusaciones sin pruebas documentales.
De seguro que el presidente Leonel Fernández encontrará el apoyo de miles de personas en todo el país que, aunque no lo expresan por temor a violar la libertad de expresión de verdaderos trogloditas de la radio, manifiestan su repudio al comportamiento inadecuado de una persona que está llamada a llevar cultura a sus oyentes.
Ojalá que la iniciativa del gobernante, de crear un organismo regulador de estos energúmenos del micrófono, se concretice, por el bien de miles de niños que diariamente tienen que escucharlos y que, lejos de ganar al hacerlo, pierden mucho.
Atentamente,
Jesús Galán
Santo Domingo

