Un encuentro
Señor director:
En el Club de empleados de Claro, participé en una actividad de egresados del liceo Juan Pablo Duarte, y ese encuentro fue gratificante, pues recordamos los años felices. Así bauticé mi vida de estudiantes, y creo que acerté. Lo comprobé en ese lindo acto. El entusiasmo, la alegría y la camaradería, eran impresionantes. Nos agradó muchísimo la presencia de Angélica Ubiera, maestra de Lengua Española perteneciente al grupo de las que aprenden y enseñan. Muchos la creíamos totalmente retirada de las aulas, pero, con sus 82 años a cuestas, aún imparte docencia en la UASD.
También compartimos con Sor Lirio, quien nos dio sociales y era tan amorosa que la creíamos monja, pero un día la visitó un alumno y quien lo recibió fue el esposo, lo que sirvió para que informara en el liceo que la maestra era casada. Asistió el profesor Cesar Padrón, quien junto al profesor Miguel Robiu (fallecido), en educación física hacían un dúo muy dinámico, y evadir su clase era misión imposible.
Por problemas de espacio no puedo nombrar a los maestros muy buenos y excelentes de los años felices, y menos a los ex alumnos, todos profesionales en diferentes aéreas y con desempeño óptimo en las instituciones públicas y privadas en que laboran. Tampoco puedo nombrar a los inactivos como yo. Casi todos éramos pobres y solo teníamos acceso a la escuela República de Haití y al liceo Juan Pablo Duarte. En ambos centros abundaban los maestros empeñados en enseñarnos y recalcarnos los valores.
Ese feliz domingo de junio, mes del Regocijo Magisterial, ese acto me motivó a escribir, y felicito de corazón a las encargadas de la organización, encabezadas por Lourdes Urbáez. Aprovecho para felicitar a los maestros, principalmente a los activos e inactivos asistentes al evento, e incluyo a los que por quebrantos de salud. no pudieron asistir, lo cual no impidió que lo aludiéramos con afecto sincero. Es que en esa década de los 60 abundaban en la escuela Haití y el JPD los maestros empeñados en enseñarnos el valor de los saberes, y como ejes transversales unos valores insoslayables e inolvidables. A esos que no hacían alardes de los títulos rimbombantes (muchos profesores se jactan actualmente, para nada, pues dañaron la calidad). Les agradecemos sus desvelos y les reiteramos bendiciones.
Atentamente,
Lic. Teresa Gómez.
Santo Domingo.
